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Acto indignante
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 3 de diciembre de 2007

El 27 de noviembre fuimos testigos de otro acto indignante de los parlamentarios, cuando 105 de 158 aprobaron –de urgencia nacional– reformas a la Ley de Servicio Civil del Congreso y a la Ley Orgánica del Legislativo que concedía a los diputados aumento, bonos y una indemnización al entregar el cargo. Aunque el viernes, ante el rechazo de la sociedad civil, la Junta Directiva –a través de un comunicado– dejó sin efecto las reformas.

Es un buen paso que reconozcan que las prebendas que se recetaron son desvergonzadas. Pero no hay que olvidar que retractarse desde el Legislativo no implica que la sociedad civil deje de lado el acto en sí mismo y ese acto de los congresistas requirió trabajar en la estrategia de cómo proponer y aprobar acciones que hieren la vida de las mayorías de este país. Por eso, debe seguirse analizando y cuestionando para que no se siga jugando con la dignidad de los diversos pueblos y sectores.

Además, porque uno de los argumentos del viernes es que hubo errores en el procedimiento. O sea, a pesar de la evidencia –registrada en los archivos del Congreso– niegan sus acciones y mienten públicamente para justificarse.

Estas acciones inmorales deben llevarnos a estudiarlas para aprender cómo se planifica, se cabildea y se logra que los representantes aprueben leyes de urgencia nacional o cómo el Ejecutivo emite acuerdos presidenciales que beneficien a las mayorías, porque si los diputados pueden con facilidad autorrecetarse indemnizaciones en ordenadas y masivas sesiones, en algo se está fallando desde la sociedad civil, específicamente desde los sectores campesinos, en donde no se ha podido trasformar el sistema de contratación laboral de las familias que se emplean en el agro.

En este país, luchar por salarios justos no ha sido fácil y los salarios mínimos no son ni eso. En 2004, en el campo se pagaban Q39.67; en 2005, el Ejecutivo decidió que no habría aumento. En 2006 subió un 5 por ciento y fue de Q42.46, que no cubrió la inflación de ese año. Para el año 2007, en el campo se pagan Q44.58, mientras la canasta básica cuesta Q55.16. Con este salario los campesinos no pueden cubrir lo mínimo para alimentarse. En este Gobierno que agoniza, el salario del campo sólo subió Q4.91.

Mientras tanto, leo que el diputado Jorge Luis Ortega, ponente de la indemnización, declaró que Q26 mil no les alcanza para realizar el trabajo de congresista (Prensa Libre, 01.12.07).

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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