Huellas
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 9 de junio de 2008
Malcom X y Luther King murieron a los 39 años.
La victoria de Barack Obama, en las primarias del Partido Demócrata, me ha hecho sentirme afortunada de presenciar este momento histórico, no porque el senador de Illinois sea el hombre más progresista de la contemporaneidad que vivimos, él es al final un liberal permitido por el sistema, sino por lo que ese paso representa para la historia de los pueblos subalternos, específicamente para el continente africano y su diáspora.
Los pasos de Obama, dentro de Estados Unidos, son una muestra de lo enmarañado que es para los afrodescendientes avanzar en una nación que los aceptó y los mantuvo con variantes legales, hasta la década de 1960 como esclavos segregados. Tuvieron que transcurrir 43 años a partir del asesinato de Malcolm X (21/02/1965), en Nueva York, ministro musulmán, rechazado por la historia oficial de ese país por sus ideas y actuaciones radicales, pero que con sus elocuentes discursos al amparo de la Nación del Islam fue capaz de articular una conciencia popular entre millones de hombres y mujeres que, como él, enfrentaban diariamente las opresivas e inhumanas expresiones de la segregación racial.
También tuvieron que transcurrir 40 años del asesinato del reverendo Martin Luther King (04/04/1968), en Memphis, Tennessee, ministro bautista, líder del movimiento por los Derechos Civiles que en 1963 encabezó la masiva marcha a Washington en pro de los derechos para los afrodescendientes en donde disertó su clásico discurso: “Tengo un sueño”. Al año siguiente, en 1964, le fue concedido el Premio Nobel de la Paz por su lucha en contra del racismo a través de medios no violentos, sus métodos lo hicieron tolerable en la historia pública de esa nación. A su memoria se estableció y se dedicó, en 1983, el tercer lunes de enero de cada año, espacios para reafirmar demandas negras.
Las huellas de Malcolm X y Luther King –ambos asesinados a los 39 años–, no pudieron ser superadas a pesar de los aportes dentro del Partido Demócrata del activista Jesse Louis Jackson, ministro bautista, y de Shirley Chisholm, primera mujer afroamericana que buscó la presidencia de Estados Unidos en 1972. Fue necesario esperar un líder que respondiera a las complejidades del actual sistema económico mundial, que usando el conocimiento que adquirió en las aulas más elitistas de las universidades de su país, estructurara propuestas que apelen a transformaciones que no giran alrededor de él, sino que son responsabilidad colectiva.
Fuente: www.elperiodico.com.gt
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