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Organizaciones populares y la contribución del pobre
Por Julio Abdel Aziz Valdez - Guatemala, 28 de enero de 2013

Cuanta la historia que cuando Martín Luther King llegaba a las iglesias Bautistas para recaudar fondos para el movimiento antisegregacionista, mujeres que evidentemente eran pobres, trabajadoras de hogar, lavanderas y demás, sacaban de sus bolsos pañuelos amarrados y debajo de los nudos unos billetes arrugados, y entre ellos elegían uno o dos y lo daban a los organizadores sin cuestionar la justeza de la acción.

En Guatemala hemos visto este tipo de acciones, sucede desgraciadamente solo cuando suceden tragedias como las acontecidas en los desastres naturales, huracanes y terremotos, pero contribuir a una causa, sea cual fuere, pocas veces se ha hace en forma tan desinteresada.

Después de la tragedia de la represión estatal contra los movimientos sociales en las décadas de los setentas y ochentas, una generación completa de líderes sociales mueren o son exiliados, este proceso se ha producido en casi todas las democracias del mundo, la diferencia de Guatemala es que no se produjeron recambios, pasaron años de años, y los líderes muertos no eran sustituidos, y los exiliados intentaron hacer lo propio en contextos ajenos, de ahí que varios intelectuales guatemaltecos en el extranjero continúen conectados con una idea etérea de conciencia social juvenil.

A finales de la década de los ochentas, todavía resonaban los combates, ya no tan intensos, entre la guerrilla y el Ejército, cuando se vio renacer cierto tipo de liderazgo popular, pero los años de muerte y exilio marcaron un nuevo rumbo, el nacimiento de las Ongs políticas. A pesar de que las leyes establecían que las asociaciones civiles sin fines de lucro deberían de ser apolíticas, mucho del activismo que nacía o retornaba a Guatemala interpretó dicho aspecto como “no participar partidariamente” y claro! Si para ese entonces no había ninguna expresión partidaria de izquierda dicho aspecto podía ser cumplido, por otro lado, se planteaba fuera de lo partidario una organizaciones que velaba por el desarrollo o por los DDHH era en esencia política en tanto que buscaba generar cambios.

Los nuevos dirigentes de ongs eran ex dirigentes populares algunos y otros activistas que comenzaron a ver en las donaciones provenientes de Europa o Estados Unidos una oportunidad para continuar con el activismo político, un activismo que años atrás había sido realizado en forma voluntaria sin más incentivo que el ver un cambio real en la sociedad, claro desde su visión particular. Las ongs se convirtieron en los instrumentos para el salto cualitativo que se planteaba en torno a la profesionalización del activista.

Las organizaciones campesinas y luego las organizaciones de corte étnico-cultural pasaron a formar, en menos de 10 años, en estructuras institucionales, que no representaban “intereses” sino objetivos de proyecto, Plan Operativo Anual o Plan Estratégico (en la lógica proyectista de la cooperación internacional)

Un elemento a favor de esta transformación es que creo y alimentó a una élite, numerosa, de académicos, funcionarios y activistas profesionales que le dieron forma a las nuevas demandas populares en el inicio del siglo XXI. El lado obscuro lo constituyo la dependencia y su lógica; cuando una organización depende de su sobrevivencia en el discurso que maneje, y no en sus resultados hay algo que no funciona.

Viendo la experiencia de la lucha de Martín Luther King en Estados Unidos he podido observar que lo que se conoce como lucha por los derechos civiles, en realidad fue un continuo que tuvo tantas variables como comunidades negras había en Estados Unidos en la década de los años sesentas y la grandeza del aporte de King reside en la capacidad de poder observar y apoyar los procesos de transformación en todas sus manifestaciones, de haber estado King en la Guatemala de la década de los 90 se la hubiera pasado viajando a Europa para conseguir fondos para su lucha, y no hubiera alcanzado la marcha del millón sino era con fondos para movilizarlos provenientes de los impuestos recaudados al otro lado del océano.

A inicios de esa misma década de los noventas el termino sociedad civil se hizo popular, buscaba identificar a la sociedad organizada en torno a demandas “concretas”. Pronto en esa sociedad civil se ubicaron organizaciones estudiantiles, sindicales, pobladores, campesinos, e indígenas, las dinámicas de los diálogos demandaban hasta cierto tipo de estabilidad en organizaciones que constantemente cambiaban de liderazgo, se necesitaba algo que fue introducido desde las practicas cristianas católicas especialmente jesuitas, el acompañamiento que eran micro-organizaciones satélite que crecen con la lógica de que había que fortalecer a las organizaciones populares “porque estas son las legitimas voceras del pueblo”, es por eso que la mentada sociedad civil se convierte en una feria de siglas.

Muchas de estas ongs con posturas, ideología y metodología prontamente se vieron tentadas a asumir el discurso de organizaciones populares, como si aquellas fueran producto del consenso y lucha de segmentos poblacionales o gremiales, cuando en realidad dichas organizaciones poseían, contrario a lo que establecía la ley en cuanto a organizaciones colegiadas, liderazgos unipersonales, vaya, eran especie de empresas sociales con marca y clientela, incluso ha sucedido el caso risible y ridículo que el liderazgo de estas ongs se hereda en miembros de la familia.

Fue tal la euforia y lucha acérrima por los dólares de la cooperación que los mismos entes de donde proveían los fondos tuvieron que obligar a la conformación de redes, coordinaciones, alianzas, y luego a la diversificación de fuentes de financiamiento como si de almacén de verduras se tratara.

Las actuales organizaciones populares más reconocidas a nivel nacional en la actualidad saltaron por encima de los intermediarios, de los satélites, para convertirse en emporios “populares” que acceden a fondos y espacios a nivel internacional. La pregunta que puede surgir en este sentido es ¿dónde empieza inicia la demanda popular y dónde termina la postura ideológica de las Ongs satélite?

Una o cien onges con discurso no sustituyen ni la demanda y menos la movilización popular, y después de ver la ultimas demostraciones entre pobladores de los cantones y los normalistas cabe preguntar ¿existen movimientos populares en Guatemala?

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