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Plaza de contradicciones y pretensiones de poder
Por Julio Abdel Aziz Valdez - Guatemala, 8 de febrero de 2013

Hace unas cuatro semanas ya cuando estallo la controversia en uno de los medios de análisis periodístico en línea, que a pulso se ha ganado ya varias referencias de investigación seria y profunda de la realidad social y política en Guatemala, ese medio se llama Plaza Pública.

Este proyecto nace de la alianza de un grupo de periodistas serios y altamente críticos con las esferas de poder y con una Universidad Rafael Landivar, tradición jesuita (que no es lo mismo que católica) que proyecta cambios a nivel de la incidencia social y académica en el espectro nacional, poco a poco se acerca al ejemplo de las universidades Centroamericanas (UCA) en El Salvador y en Nicaragua que se comprometieron de lleno con procesos de cambio en aquello países.

Mucho de lo expresado por sus fundadores iba dirigido a recalcar la idea de construir un espacio donde se pudiera desarrollar un periodismo sin ataduras, serio y sin más compromisos que con la verdad, una pretensión de objetividad que contradice la misma conformación de la conciencia humana, no cabía la menor duda que al menos la pretensión existía, tal es así que los reportajes e investigaciones mostraban, en efecto, valentía, hasta cierto punto de vista, de ahí el crecimiento exponencial de las visitas y la circulación en red de sus trabajos.

Sin embargo, en determinados momentos, algunos trabajos mostraban sesgos provenientes, evidentemente, de visiones políticamente correctas cercanas a discursos de verdad y justicia que muchas ong´s manejan, desde su punto de vista, democrático y alternativo, una visión de izquierda light proveniente de la comodidad que proporciona el crecimiento de la clase media con pretensiones de poder.

En este momento hay que recordar que la URL por encima de ser una universidad encargada a la Compañía de Jesús es una institución privada donde, al menos en su campus central, estudia una parte de la burguesía católica que no comulga con planteamientos políticamente correctos.

Regresando a lo ocurrido hace unas semanas, Oscar Pineda y Walda Salazar dos columnistas de PzP, como muchos en estos día, escribieron sobre el proceso de cambio que se está produciendo en el Vaticano con la renuncia del Papa Benedicto XVI, la expresado no abordaba más de lo expresado en otros medios que incluso han hecho eco de la infinidad de denuncias por corrupción, pedofilia y encubrimiento al clero. Su columna, como las anteriores, fue publicada y horas después es bajada de la página junto con todos sus escritos anteriores, por decisión de su director el señor Martín Rodriguez, dicha acción solo posee una calificación CENSURA.

En medio de las aguas agitadas, el director se pronuncia por medio de un editorial donde culpa a los columnistas por tal acción, mostrando con ello un gran cinismo en relación a su acto de censura, esto evidentemente echa gasolina al fuego en vez de apagarlo, ya que no solo se observaba la impunidad y desfachatez con que se manejaba la censura sino que además, mostraba una cara poco amable de una institución que está en proceso de validarse frente a una sociedad que lo exige, y que dicho sea de paso es extremadamente contradictorio con las causas que PzP apoyaba con sus análisis en contra de la minería a cielo abierto por ejemplo.

Esta acción solo encontraba lógica a partir de alguna queja emitida por el ente que patrocina dicho periódico digital, inmediatamente los columnistas emprenden con una serie de protestas digitales tendientes a proteger el producto que tan pomposamente se había presentado como un periodismo sin ataduras, ahora habría que entender como laico en un ambiente clerical, lo que despertó los viejos temores, espero que infundados, de una iglesia con más colmillo político de lo que se pensaba.

Correos, renuncias de columnistas, insultos, y demás movimientos en la red lograron poner en entredicho dos aspectos:

1. La idea de libertad de pensamiento que se puede manejar desde un espacio apadrinado desde entidades que son parte de la Iglesia Católica.

2. Las pretensiones discursivas de un representante de la elite intelectual “políticamente correcta” que prontamente ocupan espacios de poder en diversas instancias políticas, y cuyas practicas suelen ser, como en todos los políticos criollos, contradictorias.

Los planteamientos políticamente correctos, la izquierda miope, solo logran ubicar como fuente de poder el Estado y enfilan sus baterías en torno a su cuestionamiento, lo cual es válido parcialmente, sin embargo pierden de vista los diversos espacios de lucha de poder que influyen en la sociedad, tal es el caso de la iglesia, las universidades, y porque no decirlo los medios de comunicación.

Hay una creciente elite de intelectuales que reproducen los discursos políticamente correctos con fines políticos, dichos fines no tienen que ver solo con alcanzar puestos sino con un juego de egos de reconocimientos como voceros o especialistas, o en el ámbito de los financiamientos internacionales donde funcionarios neocoloniales andan en búsqueda de nuevas personas de confianza para conocer lo que acá se cocina.

No se sabe cómo terminará esta controversia, sin embargo creo que es necesario reflexionarla en diversos medios en tanto que refleja una realidad cruda, la incapacidad de una sociedad y sobre todo de sus intelectuales en afrontar la discusión.

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