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Juicio por Genocidio y el latente conflicto religioso
Por Julio Abdel Aziz Valdez - Guatemala, 4 de junio de 2013

Como si fueran pocas las diferencias políticas e ideológicas en torno al conflicto armado interno y al juicio por genocidio la Fundación contra el Terrorismo ha incluido en todas sus publicaciones arengas contra la iglesia católica en general y contra lo teología de la liberación en particular.

En el contexto de las discusiones sobre el genocidio, el gobierno de Guatemala anuncia el reconocimiento del Estado de Palestina, no como una forma de congraciarse con los palestinos por los cuales históricamente los menospreciado, sino por causas eminentemente de Real Politik, dada la permanencia de Guatemala en el consejo de Seguridad como miembro no permanente y para facilitar el comercio con las naciones árabes que en bloque asumen la defensa, al menos diplomática con Palestina.

Israel no paso de un comunicado lamentando aquella decisión sin embargo en esos días salen a la calle centenas de manifestantes señalando e increpando al gobierno tal decisión y acusando a su canciller de marxista. Dichos manifestantes pertenecían a varias iglesias evangélicas pentecostales clasemedieras ligados a la visión filosófica del sionismo más recalcitrante.

Los discursos agresivos de los manifestantes incluían las acusaciones contra los palestinos a los cuales no dudaban en calificarlos de terroristas como a los activistas a favor del juicio por genocidio. No es la primera vez que algunas sectas fundamentalistas evangélicas que apoyan al sionismo asumen la misma virulencia discursiva contra los palestinos y contra el islam, a los cuales acusan de ser representantes del mal y del mismo anticristo, lo interesante de este contexto es la combinación con el creciente y abierto discurso anti católico.

La agresividad contra la iglesia católica, que curiosamente no responde a tales improperios, se muestra en forma de acusaciones hacia su compromiso político planteado en su Doctrina Social. Ahora bien, retrospectivamente podemos ver que el apoyo de miembros de la iglesia católica en organizaciones político militares durante el conflicto representó una excepción a la regla y no una transformación radical de la institución, es más, la iglesia continuó su carácter doctrinario y dentro de ella misma se criticaba a los que habían asumido papeles más activos en el conflicto desde la izquierda armada.

Regresando a la publicación de la Fundación contra el Terrorismo, a lo largo de los meses de abril y mayo del presente año, los insultos y acusaciones contra la iglesia católica, y en especial contra los jesuitas, estuvieron acompañados del mutismo de una iglesia locuaz que frente a todo aspecto social opina pero en cuanto a las acusaciones contra ella por parte de los derecha evangélica renacida calla, esto puede tener muchas interpretaciones:

1. El temor explícito de entrar en confrontación abierta con tendencias abiertamente protestantes, con las cuales poseen diametrales diferencias, esto podría proporcionar argumentos que les hiciera caer en cuestionamientos de sus acciones poco morales.

2. No cabe duda que se está produciendo el crecimiento del activismo político evangélico tal y como sucedió con los católicos entre la década de los setentas y los ochentas, ciertamente ese crecimiento se produce en el plano más conservador de derecha, los católicos no quieren ser asociados a dicho crecimiento por lo que rehúyen de la confrontación verbal, a su enorme incapacidad de poder vislumbrar una alternativa espiritual para las masas de personas que buscan respuestas a sus preguntas existenciales.

3. Mientras que las disputas entre la derecha liberal y la izquierda nostálgica en el plano del juicio por genocidio recurren a sus planteamientos tradicionales como la explotación y la estatización, la derecha evangélica si reconoce en la izquierda católica plantean aspectos de profundidad teológica como la idolatría, el papel del intermediarismo simbólico, la falta de moral de sus ministros (sacerdotes pedófilos y pederastas frente a pastores comerciantes, embusteros y carentes de compromiso social según las acusaciones que se dirimen entre sí)

4. Claro está, no se puede afirmar que toda la comunidad evangélica sea por definición de derecha como el catolicismo de izquierda, esto sería un simplismo, sin embargo ambas no están retraídas de sus estructuras institucionales y por supuesto de sus financistas, locales e internacionales, los cuales al final asumen tendencias políticas con una alta carga ideológica. Igualmente el cristianismo ha heredado la desmovilización política que se desarrolló antes y después de la firma de los acuerdos de paz del 96 y los protestantes que mostraron su desencanto político con los acontecimientos del autogolpe del 93 por parte del primer presidente evangélico electo en Guatemala.

5. Resulta igualmente interesante que las acusaciones y señalamientos que tradicionalmente hace la iglesia católica se formulan frente al Estado, lo cual incluso a influido en el pensamiento de las elites intelectuales al menos en los últimos cincuenta años, pero los señalamientos de la derecha evangélica se hacen hacia la iglesia católica y lo que ellos consideran como grupos desestabilizadores marxistas y por definición ateos (terroristas en la terminología norteamericana postmoderna)

6. La cruzada cristiana evangélica parte de identificar a los enemigos del cristianismo, y que mejor que los católicos. La iglesia católica está consciente de sus debilidades tanto económicas como políticas e ideológicas frente al creciente proceso de neoevangelización, no existe, por parte de la institucionalidad católica y menos aún con la evangélica, posibilidades de diálogo respetuoso.

El mutismo católico frente a la derecha renacida es casi interesante, ha dejado a los creyentes como sucedió en los meses subsiguientes al golpe de Estado de marzo de 1982 y las enormes campañas de pacificación que se produjeron en ese corto lapso de tiempo en occidente, ha dejado en manos de los activistas sociales, menos religiosos, la defensa de sus planteamientos de justicia social, lo que contrasta con sus propias posiciones combativas en torno a temas como la minería, la expansión de los agrocombustibles, el racismo e incluso con las políticas a favor de la educación sexual en escuelas y el uso de anticonceptivos, pero en aspectos relacionados al abordaje epistemológico de su doctrina teológica frente a los otros carecen de argumentos.

 

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