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Estudiante y héroe
Por José Barnoya - Guatemala, 21 de octubre de 2004
barnoyap@intelnet.net.gt

A los patojos de antaño -formados en el idealismo y la utopía- nos metieron en la cabeza los maestros la noción de que, los héroes eran aquellos que poseían virtudes de valor y entereza, capaces de llevarlos al sacrificio de sus vidas, siempre en favor del bienestar del pueblo. Los jóvenes de hoy, en cambio -más pragmáticos-, tienen la idea de que los héroes son aquellos capaces de arrastrar una inofensiva pelota con los pies, hasta depositarla en lo profundo de una red.

Siempre he tenido entre nuestros héroes a personajes como José León Castillo, el Chivo Aguilar y compañeros, víctimas de la tiranía; lo mismo que Mijangos, López Larrave, Colom Argueta, Fuentes Mohr, y demás víctimas de la represión y el genocidio. Sobresale entre tantos héroes uno a quien conocí hace muchos años.

Oliverio Castañeda de León, me dijo usted en esa ocasión, extendiendo la mano suave en un apretón que no olvidaré nunca. Igualito a la madre; como para que no sea inteligente si es hijo del doctor, pensé. Sucedió en el teatro Lux, cuando los muchachos ensayaban los actos que iban a representar en la velada estudiantil. Usted acababa de aceptar -con honestidad, sinceridad y hombría- la máxima dirigencia de la Asociación de Estudiantes Universitarios.

Nos volvimos a ver en el patio de la Facultad de Economía. Sobre una tarima jugueteaban las Chabelas de Oro ganadas por el grupo de teatro "Nalga y Pantorrilla". Abajo, el alborozo de los estudiantes entonando canciones huelgueras. Cuando escucharon su voz, guardaron silencio. Suave la palabra, concretas las ideas, los pensamientos brotaron congruentes. Ahí me di cuenta de que estaba ante un auténtico líder estudiantil. A su mamá la encontré meses antes saliendo de la iglesiota de La Merced. En respuesta a mi felicitación por el liderazgo del hijo, sólo pudo decir: -Que el Nazareno lo proteja de las fuerzas del mal-. A Gustavo, su padre, lo encontré después, y como yo iba acompañado por mi hija Inés, soltó su ironía fresca después de besarla en la frente: -Dichosa esta muchachita, pues en el loteriazo de genes que heredó, le tocaron los de la madre.

Ya como Secretario General de la AEU, emprendió usted una tarea en defensa de los necesitados encabezando enérgicas acciones en contra de la represión gubernamental; denunciando la masacre de campesinos inocentes en Panzós, y formando cuerpo con el CETE (Comité de Emergencia de los Trabajadores del Estado), en protesta contra el aumento del precio del pasaje. Después de estas actitudes heroicas, dirigentes campesinos, sindicales y universitarios fueron destituidos, encarcelados y hasta asesinados.

La noche antes de la conmemoración de la Revolución de Octubre en 1978, un comunicado del "Ejército Secreto Anticomunista" amenazaba de muerte a 39 ciudadanos, entre los que se encontraba su nombre, Oliverio, al mismo tiempo que el presidente Lucas declaraba que la Usac era un foco de subversión. Ese 20 de octubre, después de participar en una manifestación, habló usted desde la Concha Acústica. Todavía resonaban sus palabras en defensa del pueblo, cuando los sicarios de siempre lo acribillaron por la espalda. En la entrada al "Pasaje Rubio" quedó exánime su cuerpo de joven heroico, y silenciada su voz de mártir universitario.

Desde ese trágico 20 de octubre, año con año deposito sobre el nombre egregio de Oliverio Castañeda de León, héroe auténtico y mártir inocente, tres claveles simbólicos en nombre del pueblo, la patria y el pobre.

"En la entrada al "Pasaje Rubio" quedó exánime su cuerpo de joven heroico..."

Tomado de www.sigloxxi.com


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