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Ciencia y socialismo
Por José Barnoya - Guatemala, 14 de abril de 2005
barnoyap@intelnet.net.gt

La humanidad celebra siempre los grandes acontecimientos y los mejores descubrimientos. Es así como se recuerdan fechas y años memorables. Nadie olvida el nombre de Eduardo Jenner, el científico inglés que en Gloucester descubrió la vacuna contra la viruela, y que ha salvado a un tanate de patojos de esa enfermedad mortal. Después, ya siendo estudiantes de Medicina, admiramos el busto de Luis Pasteur, el sabio que descubrió el bacilo del cólera y la vacuna contra la rabia.

El mundo entero celebra la fecha del 24 de noviembre de 1859, día en el que Carlos Darwin publicó El origen de las especies por medio de la selección natural, libro que echó al olvido la leyenda de que el hombre provenía del amor entre Eva y Adán, provocado por una culebra y una apetitosa manzana. Años antes, un pensador y filósofo: Carlos Marx, había publicado El Capital, libro fundamental para comprender la plusvalía, las clases sociales y el desarrollo de la humanidad.

Nunca supimos quien la dijo, pero no olvidamos la frase lapidaria: "Si Marx descubrió la estructura natural de la vida histórica; Darwin descubrió la estructura histórica de la vida natural".

Celebró España los 500 años del Descubrimiento de América, mientras la América hispana se dolía del encontronazo con el que la Madre Patria sojuzgó, avasalló, adoctrinó y violó a los que habitaban esta América doliente. Con bombos, platillos y la edición de millares de libros, conmemora el pueblo gachupín la primera edición del Ingenioso Hidalgo, con el que Cervantes critica con humor fino a la sociedad de su tiempo. Con cohetes y canchinflines, rememora el pueblo entero de Latinoamérica los 50 años de Pedro Páramo, esa novela paradigmática de la literatura latinoamericana, en la que Juan Rulfo exhuma a ese inmenso pueblo muerto que es Comala.

Es en este 2005, año en que la humanidad entera celebra también el centenario de una teoría que vendría a revolucionar la física y poner su huella en el espacio y el tiempo. El genio de Albert Einstein, después de años de estudio e investigación, tuvo la genial intuición de que existía una cuarta dimensión, además de las tres ya existentes: altura, profundidad y anchura.

Fue así como en 1905, lanzó su famosa Teoría de la Relatividad: "Hablando de la Relatividad y el Tiempo -dice Einstein- un reloj en movimiento corre más despacio que uno estacionario, desde la perspectiva de un observador estacionario". Y cuando explica la Relatividad y la Longitud, afirma que "un objeto en movimiento, simula encogerse en la dirección de ese movimiento visto por un observador estacionario". Termina diciendo el sabio: "En la relatividad en general, el tiempo es considerado una nueva dimensión, así como lo son la altura, el ancho y la profundidad". Si bien para nosotros la Teoría de la Relatividad que ahora cumple cien años es un entrevero de conceptos, no es lo que el genial científico escribió hace 56 años en un hermoso y sesudo artículo: "¿Por qué el Socialismo?".

"Estoy convencido -dice al final con palabra clara- de que hay un solo camino para eliminar nuestros grandes males, esto es a través del establecimiento de una economía socialista, acompañada por un sistema educativo que debería de estar orientado hacia objetivos sociales".

Entre el creador de la oscura teoría de la Relatividad y el partidario del más puro socialismo, prefiero al humanista de don Alfredo, que al sabio de Einstein.

Fuente: www.sigloxxi.com


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