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Pobre obispo
Por José Barnoya - Guatemala, 26 de junio de 2005
barnoyap@intelnet.net.gt

¡Pobre obispo! Tres siglos después su palabra era trastocada y su pensamiento tergiversado.

Con el título de "Cien personajes históricos de Guatemala", José Antonio Móbil, publicó hace veintiséis años, un libro en el que aparece en las primeras páginas el retrato completo de Francisco Marroquín.

Con prosa fácil y agradable Tono habla, entre otras cosas, del nacimiento de don Francisco en Santander; sus estudios universitarios hasta obtener la licenciatura en filosofía y humanidades; su matrimonio y posterior viudez, para después abrazar la carrera sacerdotal. Corría el año de 1528 cuando conoció a don Pedro de Alvarado, y fue Tonatiúh quien se lo trajo a estas tierras, en donde contrajo la malaria, la misma que se llevó a la primera mujer de don Pedro. Su labor pastoral la inició dos años después cuando el conquistador lo designó cura de la Parroquia de Guatemala, y Juan de Zumárraga, obispo de México, lo nombró provisor, vicario de la provincia y Protector de los Indios, ascendiendo luego a Obispo de Guatemala. Fue desde ese puesto que don Pancho inició una intensa actividad: levantando templos, estableciendo conventos y erigiendo la primera catedral. Fundó entonces el Colegio Mayor de Santo Tomás. Conocedor de la lengua quiché, escribió textos de gramática, catecismos y vocabularios, exigiendo a los prelados que se metieran de lleno en la gramática de las lenguas indígenas, y apelando al Papa Paulo III para que reconociera la plena humanidad de los naturales del país, formando los primeros maestros de lenguas indígenas.

Fundó luego el primer centro hospitalario para los desvalidos y estableció la primera biblioteca pública. Luchó además por la libertad de los esclavos y el buen trato de los encomenderos para con los indígenas. Ya en su lecho de muerte donó más de 800 tostones para la fundación de la universidad de San Carlos de Guatemala. Razón tuvo quien escribió su epitafio: "Los indios hallan su más decidido y eficaz protector, los letrados hallan en él el único mecenas, los enfermos alivian sus dolencias en la beneficencia del obispo y otros hallan en él la mejor fuente de concordia entre tanta discordia y calamidades".

Ignorando tal vez la obra de don Francisco, siempre en la búsqueda de la igualdad, la justicia y la equidad, la universidad Marroquín publicó un comunicado desautorizando el que los decanos de las facultades de medicina y ciencias de la salud apoyaran el convenio marco para el control de tabaco: " Primero porque su ideario dice que la universidad Francisco Marroquín es una institución de estudio que persigue la excelencia académica y es totalmente ajena a la búsqueda de soluciones particulares a los problemas sociales del momento. Segundo, porque una institución alberga a un gran número de personas que pueden tener opiniones muy diferentes sobre un mismo tema".

¡Pobre obispo! Tres siglos después su palabra era trastocada y su pensamiento tergiversado.

Fuente: www.sigloxxi.com


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