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Don Rodrigo
Por José Barnoya - Guatemala, 3 de julio de 2005
barnoyap@intelnet.net.gt

Abracé a Jorge Rosal diciendo: "Lo que no pudo hacer la ametralladora, lo hizo el perverso cigarrillo".

La casualidad hizo que se juntaran los amigos en el atrio de Candelaria, uno de tantos viernes de Cuaresma. Y fue Moyas Asturias, quien dijo con el mismo vozarrón con el que proclamaba: "Guatemala, flor de pascua en la cintura de América": -Conocé a mi prole, Chinche amigo: Miguelito y Don Rodrigo-. Y lo llamaba así, talvez en recuerdo de Don Rodrigo de Arias Maldonado, jefe natural de los conspiradores nazarenos; el que se transformó con el tiempo en Fray Rodrigo de la Cruz, gracias al Hermano Pedro de San José de Betancourt.

Crecieron los patojos leyendo los escritos y escuchando la palabra del padre. Miguel repetía por todos lados: "Dar es amar, dar prodigiosamente, por cada gota de agua, devolver un torrente". Rodrigo grabó en su memoria las palabras de el Alhajadito: "Para un pueblo hambriento e inactivo la sola forma en la que Dios puede aparecer es en la de trabajo y comida". Esa fue la razón por la que años después apareció Rodrigo, involucrado con otros jóvenes idealistas en la aventura insurreccional de Concuá que terminó en masacre, y de la que sobrevivieron el Choco Rodríguez, Rigoberto Molina, García y Rodrigo. Ya instalado en México, cuando trabajaba para Siglo XXI, se le apareció un personaje de Hombres de Maíz para recordarle: "Conejos amarillos en el cielo, conejos amarillos en el monte, conejos amarillos en el agua guerrearán con el Gaspar. Empezará la guerra el Gaspar Ilom arrastrado por su sangre, por su río, por su habla de ñudos ciegos". Fue así como Rodrigo -ya con el nombre de Gaspar Ilom- se metió de lleno en la guerra para la liberación de su tierra; combate que no terminó sino hasta cuatro años antes de que terminara el siglo XX.

Infatigable y bien intencionado, entre frustraciones, desencantos, contumacias y uno que otro desacierto, siguió Gaspar Ilom en su lucha a favor del bien común y la realización del hombre nuevo. Para su infortunio, sustituyendo al humo de la pólvora que lo acompañó por muchos años se presentó el humo nefasto del tabaco, que fue el que a la larga cortó de tajo su hermosa trayectoria.

Anochecía: arropado por una cálida y fértil mazorca de maíz, a Don Rodrigo lo arrullaba un mar de lágrimas campesinas. Reapareció entonces el mensaje que envió desde la montaña: "Para José Barnoya, con lazos entrañables que vienen desde siglos, y que se reavivan prodigiosamente cada día. Tarea inmensa abrir el horizonte, florecer en el desierto, traer el país a este siglo. Guatemala debe ser otra y es posible, si todos nos unimos y caminamos juntos. Gaspar Ilom".

Abracé a Jorge Rosal diciendo: - Lo que no pudo hacer la ametralladora, lo hizo el perverso cigarrillo - ; repitiendo con Werner Ovalle: "Padre nuestro, maíz, agua maciza / alimento del son / uva del indio / grano de sol, vestido de las venas. / Padre maíz, varón de las estrellas".

*Médico y escritor

Fuente: www.sigloxxi.com


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