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Con letra de poeta
Por José Barnoya - Guatemala, 2 de octubre de 2005
barnoyap@intelnet.net.gt

Recibí vos, mi Sordo entrañable, un abrazote de aquellos que hasta le sacan una chorrera de pétalos a las flores.

Cuando abandoné la acogedora página editorial de Brañas en El Imparcial, después de la muerte del insigne César y durante el desgobierno del maligno Lucas, fue el amigo entrañable Manuel José Arce quien me ofreció posada en su columna de El Gráfico para que a través de ese espacio expresara pensamientos, inquietudes y frustraciones.

No es sino hasta ahora - veinte años después de su muerte en el mediodía francés - que puedo retribuirle su hospedaje, dando cabida en Las calles y los días, a una hermosa carta que escribió con letra de poeta, días antes de su tránsito.

"Queridísimo Sordo: Releyendo estaba yo las páginas terribles de tu último libro, cuando me diste el gustazo de tus líneas. Creo que me estoy haciendo viejo muy a mi modo: a los rucos chochos les agarra por contar mil veces la misma historia. A mí, en cambio, me da por leer, releer y volver a leer los mismos libros. Y como me gustan tanto las babosadas que vos escribís, ni modo, aquí te tengo, de médico de cabecera, haciéndome sinapismos de dolorosa Patria remota, que no me curan ni a putas de la nostalgia, pero que me hacen sentirme absurdamente re de a huevo de saber que en mi generación los hay tan de a de veras. ¿ Mi vida? Escribir, escribir y seguir escribiendo; además de realizar los trabajos más duros y pesados, a resultas de lo cual me veo ahora con una media docena de tus colegas que me andan haciendo espeleologías por todos los entresijos y los menudos, dictaminándome un montón de malas palabras; achaques que me agarran cuando estoy celebrando mi aniversario de bodas con Beatriz, hembra guapa, joven, inteligente, comprensiva y de la que me encuentro coche, en posición del clásico chorizo en tilichera de tienda de barrio.

"En fin, hermano entrañable, la verdad es que me hacés mucha falta. Sos una buena tajada de la Guatemala que amo y que añoro. Pienso mucho en vos y en tu bella tribu. Por mil razones y a veces sin razón aparente: las cosas más inusitadas me los traen a la memoria. Haceme el favor de darle los recuerdos más afectuosos a tu bella cómplice y a los adorables resultados de sus amores. Dámeles un abrazón a los que quedan; y pedile al Colocho Moreno (con el que debés de tener cuello) por todos nosotros, los que están allá, los que andamos lejos.

Recibí vos, mi Sordo entrañable, un abrazote de aquellos que hasta le sacan una chorrera de pétalos a las flores y el cariño firme de tu mero mismas. Manuel José Arce".

Así, con letra clara, sincera, hermosa y justiciera, escribió el poeta ya herido de muerte y cercano al final desde su exilio europeo; letra que cuando la observo con nostalgia, no se compara con la letra garrapateada, ininteligible, amañada, engañosa y falsificada de funcionarios, legisladores, magistrados y empresarios de esta tierra a la que tanto amó el autor del Diario de un Escribiente.

Fuente: www.sigloxxi.com


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