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Una epopeya para recordar
Por José Barnoya - Guatemala, 16 de octubre de 2005
barnoyap@intelnet.net.gt

Una chalupa de papel navega hacia el Oriente buscando un nuevo continente justo e igualitario.

A pesar de la claridad del cielo, truena fuerte esa tarde de octubre. Esbelto y monumental luce el viejo fuerte militar de San Felipe, convertido en centro cultural. No son las ocho de la noche y ya la mayoría de butacas están ocupadas.

Las rodillas en tierra, las manos hacia el cielo, el Rey Tigre Dos Lunas agradece a los Dioses la inmensidad de su imperio y la prosperidad de su pueblo. Hermosa, robusta y dominadora, sonando unas castañuelas y hablando en auténtica castilla la reina Kaha-Paluna (Chichí para el rey) incita a su majestad para que explore nuevas tierras y descubra así nuevos continentes. Hunapú, Ixbalanqué y Ce-Acatl resultan ser los designados para la riesgosa aventura de exploración. Culán -un experimentado chalupero-ofrece además de su experiencia, tres humildes y veloces cayucos: la India, la Ishta y la Santamarinda. Tecún ofrece gustoso el contingente bélico. Del otro lado del mar, el Rey Fernando haraganea, mientras que Chabela, la reina, amasa en una piedra de moler, y luego tortea entre las delicadas palmas de sus manos, redondas tortillas y gruesos pishtones. Rodrigo, que ve que la cosa va a ponerse color de hormiga, anuncia a los reyes que, la conquista maya-azteca- inca está próxima y es inminente. Días más tarde, el aguerrido grupo formado por Culán, Tecún y el resto de conquistadores irrumpe avasallador en el viejo continente, ocupando el territorio, masacrando a sus habitantes para luego imponer el repartimiento, la mita y la encomienda. Los conquistadores, al mismo tiempo que inscriben nuevos nombres de ciudades: Tikal y Tenochtitlán, se mofan de los conquistados por el hecho de tener un solo Dios, cuando ellos los tienen a tanates los montones. Es así como la ironía, el doble sentido, el chiste fino, la sátira, el sarcasmo y la denuncia campean a lo largo de toda la Epopeya. Después de que Nando y Chabela, mueren achicharrados entre las brasas de los fogarones indígenas, resuenan las mandolinas, las guitarras y los tambores, al mismo tiempo que se escuchan las voces claras de los conquistadores entonando una canción pegajosa que todo el mundo corea: - Así no fue, así no fueee...y si así hubiera sido se preguntan todos, España, Inglaterra, Alemania, los Estados Unidos de América y los demás imperios, hubieran celebrado la Epopeya ?.

De pie, el público entusiasmado que atiborra la sala aplaude a rabiar y por parejo a Mónica Sarmientos, Angelo Medina, Wilfredo González, Elmer Bautista, Édgar Arriola, Chema Yacs y al director de la Epopeya.

Finaliza la increíble epopeya cuando Jorge Ramírez ve con angustia que de los ojos miopes de Douglas González, brotan lágrimas de satisfacción. Fuera del teatro, por un riachuelo que ha dejado el aguacero torrencial, una chalupa de papel navega hacia el Oriente buscando un nuevo continente justo e igualitario.

Fuente: www.sigloxxi.com


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