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El nuevo idioma
Por José Barnoya - Guatemala, 18 de febrero de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Digo mantiosh agradecido, y shuaneb al despedirme con un adiós rebosante de nostalgia.

Nunca se sabe quién despierta a quién. Si son los zanates, los clarineros y los chocoyos los que traen la claridad, o si es la madrugada la que se aparece con ellos. Lo cierto es que con el amanecer se asoman: el zumbido de un picop desvencijado que distribuye el francés, las conchas y las batidas; y con el ronroneo de las motocicletas se van deslizando en el zaguán los diferentes diarios. Al deshojarlos empiezan a desperezarse los columnistas. Aparecen entonces: Gutiérrez, Berganza, Balsells, Méndez y María Elena. Del otro emergen: Morales Chúa, Magali y las dos Carolinas; del tercero afloran: Porras, Zapata y Álvarez.

Como una estrella fugaz, David Pinto Díaz nos habla del “Miedo a los idiomas indígenas, preguntándose con su voz de sociólogo: “¿Miedo a qué?”. Y llega la respuesta infundada de los ladinos que exteriorizan su miedo a que en el futuro se fragmente el país en mil pedazos; que el separatismo llegue hasta el último rincón; que las autonomías invadan todo el territorio; en fin que en el futuro el español sea sustituido por las lenguas indígenas”.

Y ante la imposibilidad de que suceda lo que el ladino piensa, Pinto Díaz habla de lo paradójico que sería que sucediera todo esto en un país con uno de los más altos porcentajes de nativos, en donde a diario y en cualquier lugar escuchamos – sin entender nada - los sonidos melodiosos de cualquier lengua vernácula.

Finalizada la lectura pasa por mi flaca memoria el mapa irregular de la patria, en donde van situándose en el lugar preciso los veintitantos idiomas: parte del Petén, las Verapaces, el Quiché e Izabal, son bañados por el k´eqchi´ y el garífuna; el chuj, popti´, akateko, q´anjob´al y mam irrigan Huehuetenango; sipakapense y tektiteko, sobreviven en San Marcos; en el Quiché se hermanan el ixil, uspanteko, sacapulteko y k´iche´. El poqomchí, achí, kaqchiquel, tz´utujil, poqomam, xinca y ch´ortí, son islotes y oasis dentro del castellano que ocupa el resto.

Busco la querencia del Hospital de Enfermedad Común en busca de cuatro amigos que por años dieron brillo a mis rieles. Abrazo a Tomás y Sebastián Nas, al mismo tiempo que saludo a Rodrigo y Francisco Sut. Cuando me preguntan si recuerdo lo que me enseñaron en k´iche´, les repito lo poco que recuerdo: Eskarek, buenos días; buenas noches, roshajap. Aboj es piedra, así como kantachul es retención de orina.
En el diario que me dan prestado cuando me lustro leo la frase rara del primer mandatario que exhorta a los patojos de una escuela: “Todos, escuchen bien, tenemos que aprender y hablar inglés, pues es muy importante”. Pienso entonces: - Cómo quiere el presidente que hablemos en inglés, si no hablamos ni entendemos nuestros idiomas vernáculos, ni menos el español que nos trajo la conquista -.
Digo mantiosh agradecido, y shuaneb al despedirme con un adiós rebosante de nostalgia.

Fuente: www.sigloxxi.com


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