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Un auténtico dirigente
Por José Barnoya - Guatemala, 14 de mayo de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Víctor Manuel Gutiérrez era el nombre de ese cumplido maestro ¡Cuánta falta hace!

No es posible que se trabaje por más de 16 horas diarias sin descanso —la voz se esparció hace más de un siglo y medio, entre los obreros de varios pueblos. Esa reflexión dio pie para que saliera la propuesta de los Tres Ochos: 8 horas de trabajo, 8 horas de esparcimiento y 8 horas de reposo, que brincó de Nueva Zelanda a Australia y de Londres hacia Filadelfia y Boston.

Fue así como hace más de 120 años, los obreros de Maryland, San Luis y Chicago decidieron salir a la calle un Primero de Mayo, exigiendo justicia y trato justo. Seis muertos y varios heridos fue el resultado de la lucha desigual entre obreros por un lado, y rompehuelgas y Policía por el otro.

Al año siguiente los líderes: Parsons, Spies, Engel y Fischel fueron ahorcados en la prisión de Chicago, iniciándose así la conmemoración del Primero de Mayo.

Como aquí todo llega tarde y suceden las cosas al revés, tuvo que pasar mucho tiempo para que el obrerismo obtuviera algunas reivindicaciones.

El reglamento para protección de los animales (1878) llegó primero que la ley protectora de los obreros (1906). Tuvo que llegar la alborada de Octubre del 44 para que se celebrara con pompa el Día del Trabajo del 45 cuando llegó hasta el Templo de Minerva la inmensa figura del presidente Arévalo para fundirse con los obreros en un abrazo solidario.

Memorable ese primer día de mayo hace más de medio siglo. La algazara de las bandas de música anunciaba la marcha. Filas de ocho en fondo componían la inmensa columna: obreros con pancartas, campesinos flanqueando carrozas festivas, brazos entrelazados, puños en alto, manos aplaudiendo y voces lanzando vivas.

Mezclado entre todos y sin tratar de sobresalir iba un dirigente genuino que después de abordar el estrado empezó su discurso con voz suave, sin altibajos. Pequeño, colocho el pelo, blanca la camisa y azul el pantalón, había dejado por unos minutos la curul que utilizaba en el Congreso para presentar mociones justas y no para dormitar; cerrado por un momento el escritorio en donde guardaba proyectos y propuestas y no franquicias y doble-sueldos vergonzosos. A pie y sin vehículo oficial se había incorporado al desfile.

Hizo entonces peticiones pertinentes en nombre de los trabajadores al Presidente de la República. Humilde, sincero, valiente e incorruptible descendió del estrado para confundirse con la multitud, y mitigar el hambre y la sed con un vaso de horchata y un pan con pollo.

Después de la debacle buscó de último el asilo. Siempre pensando en su patria regresó del exilio para seguir luchando infatigable. Inicuamente, la represión inmisericorde lo inmoló arrojándolo a un mar embravecido, feroz y desalmado que se tragó para siempre al más genuino de los dirigentes. Víctor Manuel Gutiérrez era el nombre de ese cumplido maestro, laborioso obrero y hombre integérrimo. ¡Cuánta falta hace!

Fuente: www.sigloxxi.com - 130507


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