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Afiliados fieles
Por José Barnoya - Guatemala, 20 de mayo de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Nombres, apellidos y fechas quedaron grabados sobre lápidas y planchas de bronce…

La reunión se llevó a cabo a puerta cerrada. Fueron entrando al local uno detrás de otro, sentándose cada uno en el lugar que le había sido asignado. Detrás se sucedieron apretones de mano, sonrisas, abrazos y hasta besos. Fue tanta la afluencia de gente que el lugar resultó insuficiente para albergar a dirigentes, líderes, estadistas, diputados, correligionarios y simpatizantes. El objetivo primordial de la reunión era hacer un recuento de los múltiples afiliados y al mismo tiempo buscar la manera de agenciarse más prosélitos.

Poco a poco empezaron a brotar voces desde los cuatro puntos cardinales del inmenso salón: nosotros tenemos ya controlados casi todos los departamentos; aquellos cuentan con esos otros; ellos los de más allá; la zona tal nos pertenece casi completa; ustedes mandan en esa otra; ellos dan por segura la zona que está en la vecindad; ya no nos falta nada; estamos listos; a la larga vamos a ganar todos.

Alguien que estaba en las filas de atrás mencionó un lugar extraño y alejado. De veras que no nos habíamos puesto a pensar en eso, apuntó uno de los de la mesa directiva. Detrás se vinieron otras opiniones: que yo sepa ese no es terreno de nadie; hasta allí no creo que haya llegado la propaganda masiva; debemos ir a investigar, pues si logramos el control de esa populosa zona tenemos la ganancia asegurada; a trabajar desde el primero hasta el último; pasémoslos de nuestro lado y se acabó.

Para allá se fueron y empezaron a recorrer lugar por lugar: primero las calles, luego las avenidas y por último los callejones; de abajo arriba y de arriba abajo; de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, hasta que no quedó sitio ni recoveco que revisar.

Tocaron una, dos, tres cuatro veces: Toc, toc, toc, toc, se fueron para dentro los toquidos hasta llegar al fondo. A la pregunta que hacían en cada lugar acerca del nombre y apellido, edad, sexo y oficio, llegaba la respuesta con el nombre completo, la edad correcta y el sexo exacto.

Los fueron sacando uno a uno, primero la cabeza y luego los pies, y después de desempolvarlos los apilaron en camiones por cientos, miles y millones para llevarlos al registro en donde quedaron perfectamente anotados con nombre, apellido, estado civil, sexo y ocupación.

Regresaron a su lugar de origen amontonados en los mismos camiones. Desde lo alto de una espadaña los dobles de una campana anunciaban el ingreso de cada uno. Metiendo primero los pies y después la cabeza se fueron acomodando en sus lugares respectivos. Ladrillos y mezcla sellaron cada una de las entradas. Nombres, apellidos y fechas quedaron grabados de nuevo sobre lápidas y planchas de bronce y hojalata. De lo más profundo de un nicho salió una voz de ultratumba: -Ya estamos legalmente inscritos como ciudadanos y como afiliados fieles podemos elegir a cualquier candidato del montón.

Fuente: www.sigloxxi.com - 130507


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