Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La farsa electoral
Por José Barnoya - Guatemala, 11 de junio de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

El candidato sintió terciada sobre el pecho algo parecido a la banda presidencial.

Sabía de lo que se trataba por la furia con la que somataban la puerta. Como el mensajero le dijo que era urgente, atravesó el corredor más corriendo que andando para entregar el telegrama de tres dobleces. Bamboleándose en la mecedora abrió el telegrama en el que leyó: -Llego domingo mediodía junto con mujer directiva y demás achichinles prepare recibimiento apoteósico saludos-. Lo dobló sin fijarse en el nombre de quien lo firmaba; al fin y al cabo ya había recibido dos igualitos, dos y cuatro semanas antes, firmados por otros dos aspirantes.

Es fácil hacer los arreglos; se va uno acostumbrando; la práctica lo hace todo; confieso que al principio me costó bastante; si hace veinte años no sabía por donde comenzar, ahora lo hago todo con los ojos cerrados – así pensaba mientras que arrugaba el mensaje y lo dejaba ir en el excusado.

Al día siguiente se inició la tarea. Un grupo se dedicó a plantar arcos desde la garita hasta la plaza usando las mismas cañas y los mismos adornos de plástico de cuando vinieron los anteriores; el otro armado de escaleras, brochas y engrudo cubrió los postes de calles y avenidas con afiches cachimbiros de los veintitantos candidatos, mostrando todos: miradas insulsas, sonrisas hipócritas y manos voraces.

Los altoparlantes hay que colocarlos atrás del estrado para que los de abajo sólo oigan sandeces y los de atrás aplaudan creyendo que son verdades. Como la comitiva es numerosa hay que colocar dos docenas de sillas para él, ella, el segundón, los directivos, los candidatos a diputados y a funcionarios, los guardaespaldas, los chaqueteros, los servilotes, los sobalevas y los chupatodo. Los fotógrafos abajo para que así en las fotos salgan grandototes, las manos abiertas para ofrecer más de lo que ofrecieron los anteriores.

Los veintitantos candidatos asombrados repetían uno a uno: Nunca me imaginé que nos iban a recibir de esa manera…si el pueblo entero ocupa las calles, las aceras, la plaza…miren a aquel anciano con la fotografía en el sombrero, aquella de las trenzas tirando besos entusiasmados, aquel patojo chiflando de alegría…se siente uno parte del pueblo cuando huele el pino, cuando le cae en la cabeza el montón de retazos de colores, cuando oye su nombre brotando de todas las gargantas.

Ustedes se lucieron muchá – el organizador se chupó una cerveza – los aplausos puntuales al final de cada frase, los vivas cuando terminó de despotricar, hasta las lágrimas de emoción cuando les dio la mano; aquí está su pisto.

Atardecía cuando el candidato al encaramarse al vehículo blindado sintió terciada sobre el pecho algo parecido a la banda presidencial. En ese momento el cacique del pueblo levantó del suelo una cartulina con la efigie grotesca y ridícula del candidato, la hizo un rollito y la refundió en un cajón esperando que la farsa electoral retornara en cuatro años.

Fuente: www.sigloxxi.com - 100607


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.