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Estadística funesta
Por José Barnoya - Guatemala, 17 de junio de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Allá por 1520, el número de indígenas era más o menos de medio millón.

Fue don Emilio —estudiante de Derecho en la San Carlos — quien en la escuela primaria, tratando de que un montón de patojos entendiéramos los fundamentos de la economía política, pronunció una palabra extraña que —ni Hugo, el mejor alumno— entendió el significado, ni mucho menos entendió para qué servía la Estadística. Con voz pausada el profesor les explicó que había sido Lamberto Quetelet, un matemático del siglo antepasado, quien por primera vez había aplicado la estadística a los problemas demográficos.

“Trata la estadística —dictó el maestro— nada menos que de un cálculo de probabilidades, agrupando fenómenos y circunstancias, útil para la Economía, la Biología, la Sociología y un montón de ciencias”.

Olvidé con el tiempo la difícil palabra, hasta que ya maduro encontré en la librería de Don Pepe, en la 9a. avenida y l0a. calle: Las Tasaciones, de Alonso López de Cerrato escritas en el Siglo XVI, y la Descripción geográfico – moral de la Diócesis de Goathemala del obispo Pedro Cortés y Larraz del Siglo XVIII. Dice don Alonso que allá por 1520 el número de indígenas era más o menos de medio millón; pero que en 1550 la población había disminuido en un 60%. Por otro lado, el obispo afirmaba: “Todos los indios son los más infelices que ha habido y habrá en el mundo, porque no tienen bienes, ni honra, ni descanso, ni libertad”. Estadística pura y simple, pensé para mis adentros.

Años después encontré cifras pavorosas e invariables que ni el tiempo ni los sucesivos gobiernos han querido cambiar en esta tierra: el 54% de los habitantes vive en la pobreza con menos de 16 quetzales; al mismo tiempo que el 23% sobrevive con menos de 8 quetzales.

Por otro lado, la mortalidad infantil sigue siendo de 39 por cada mil nacidos vivos, la desnutrición infantil de 39%, así como la mortalidad materna es de 153 mujeres por cada 10 mil nacidos vivos. Entre los pobres, 44% no tiene ninguna escolaridad; sólo el 52% tiene acceso a la primaria, el 4% a la secundaria y el 0% al diversificado.

Las estadísticas infamantes, con sus números de ignominia, siguieron acumulándose: Las viviendas sin condiciones mínimas de habitabilidad llegan al 64%, el hacinamiento al 61%, la ausencia de agua potable al 66% y la carencia de letrinas al 58%. Además, el 80% de los servicios de salud se concentra en las ciudades; sólo existe un médico por cada 4000 habitantes y el cigarrillo es el causante del cáncer del pulmón en un 30%.

Esas estadísticas funestas han estado a la vista de todos desde hace muchos años, sin que a los gobernantes y poderosos les interese corregirlas para bien de pobres, analfabetos y desnutridos. Esas estadísticas son las mismas que se vienen escuchando ahora en los más de 300 municipios y que brotan de las cínicas gargantas de los candidatos, con la falsa promesa de revertirlas.

Fuente: www.sigloxxi.com


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