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La primera maestra
Por José Barnoya - Guatemala, 24 de junio de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Envalentonados, los estudiantes desfilaron un sábado de junio pidiendo garantías.

El general Jorge Ubico, un niño de pecho al lado de sus compañeros de armas que le sucedieron en el poder, llevaba ya 13 años y medio de gobernar al país a base de látigo, plomo, tortura y una que otra obra de infraestructura. Por oponerse a su primera reelección habían caído torturados, masacrados y fusilados: El Chivo Aguilar, Pacheco Marroquín, Jacobo Sánchez, Humberto Molina, Carrillo Marín y otros patriotas; habiendo escapado de la muerte los hermanos Paz y Paz y un montón de exiliados.

Fue un grupo de profesionales, estudiantes y obreros los que iniciaron el movimiento para sacudirse del tirano. Envalentonados, los estudiantes universitarios desfilaron un sábado de junio pidiendo garantías. Ese mismo sábado, un manifiesto firmado por 311 ciudadanos llegó hasta el sátrapa, pidiendo la restitución de las garantías. Al día siguiente, de la iglesiota de San Francisco salió una manifestación de aguerridas mujeres protestando en contra de la represión; manifestación que fue disuelta a sablazos y metralla. Varias mujeres heridas y una maestra inmolada: María Chinchilla, fue el resultado de la agresión del Ejército. Después de la renuncia de Ubico, se vino el triunvirato espurio de tres chafarotes, para dar lugar el 20 de octubre a la alborada revolucionaria. La libertad, el civismo y la cultura se posesionaron de la patria. Fue en esa época que surgieron las conmemoraciones, resaltando entre todas: el día 25 de Junio —fecha en que fue ultimada la maestra Chinchilla— designado así como el Día del Maestro.

Desde ese día, cada año y cada 25 de junio fueron emergiendo en la grata y agradecida memoria, los maestros que nos educaron y trataron de hacernos hombres al servicio del Hombre. En el colegio La Juventud aparecieron: Fernando Santos con su Física; Julio Anzueto con su Geografía, y José Ericastilla con su Trabajo Manual. En el Instituto Nacional Central de Varones emergieron: Francisco Guzmán con su Gramática completa; Héctor Nuila, cargado de nombres científicos y Chepe Mata con sus latinajos; René Montes hizo agradable la Literatura y Chus Guerra, amena la Filosofía. Fue en la facultad de Medicina de la Usac que salieron del Anfiteatro y de las salas del San Juan de Dios: Mauricio Guzmán con un montón de huesos y Miguel Molina con una intrincada telaraña de nervios. Nos mostraron síntomas y signos de las enfermedades: Tito Passarelli en la Segunda Medicina y Alejandro Palomo, en la Cuarta Cirugía.

Cuando ya el disco duro de la memoria estaba repleto de nombres de maestros, apareció mi madre, quien me enseñó a leer y escribir; la que abriendo el Método Nacional de Lectura de Arévalo, Osegueda y Monsanto, me dictó para que luego leyera: Hace muchos años no había blancos en Guatemala. Había naturales color de bronce. Cuando vinieron los blancos esclavizaron a los naturales y quemaron sus hogares.

Fuente: www.sigloxxi.com


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