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Corrección incorrecta
Por José Barnoya - Guatemala, 16 de julio de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

Me encuentro con amigos entrañables, de sobrenombres políticamente incorrectos.

Era patojo cuando escuché por primera vez la palabra. Con filudas tijeras le desmoché un canelón a la cabellera de la hermana y detrás de un tirón fuerte de orejas con varios coscorrones se vino la reconvención airada del viejo: “Que esto te sirva de corrección”.

Más tarde apareció de nuevo la palabra sólo que con el agregado de una palabreja desagradable: “Corrección política”; palabras a las que nunca les encontré un sentido coherente sino hasta después de leer a varios escritores y periodistas legítimos.

El primero que aclaró dudas sobre la frasecita tan de moda en países norteños e industrializados, fue Mario Roberto Morales quien explicó: “que la expresión políticamente correcto (PC) pudo haberse formado en las filas del ala ultraderechista del Partido Republicano a finales de los 70 o principios de los 80, para referirse a las políticas conservadoras”. Fue después —siguió diciendo Morales— que algunos profesores elaboraron una CP (corrección política) que hacía ver que modificando la manera de hablar de la gente, se podía cambiar la forma de pensar y de actuar.

No fue sino hasta hace unos días que El Acordeón publicó un artículo extenso de Humberto Eco que puso en claro todo los referente a la tan en boga Corrección Política. El autor de La Isla del Día de Antes dice que: “La tarea de buscar sustitutos eufemísticos para evitar la discriminación o el racismo llega a resultar ridícula, impositiva, a veces falta de sentido común”. Y a continuación menciona un tanate de términos que sustituyen a denominaciones consideradas como incorrectas: socialmente separado por encarcelado; limitado en erección por impotente; regresión folicular por calvicie; siendo que el problema no es cómo queremos nosotros llamar a los otros, sino dejar que los otros decidan cómo quieren ser llamados.

Reculo en el tiempo medio siglo y con un sentimiento de culpa en la conciencia me encuentro con amigos entrañables de sobrenombres políticamente incorrectos: El Indio Silva; el Negro Sierra; el Choco Ortiz y el Sapo Pallais, sonríen amigables cuando los saludo por su apodo y no por su nombre de pila.

Cae en mis manos un artículo sobre el problema de las orejas grandes que, a decir de un cirujano plástico es un problema que se debe de solventar antes de que el patojo entre a la escuela y sus compañeros empiecen a burlarse de él y endilgarle apodos políticamente incorrectos.

Viendo a qué extremos ha llegado la corrección política en estos tiempos, doy gracias a Tata Chus —al que llamo por ese nombre incorrecto— por permitir que en tiempos pasados no se tomara en cuenta la corrección política, pues no hubiera podido saborear los hermosos poemas del poeta invidente Mario René Matute, quien asentó en su libro la cariñosa dedicatoria: “A mi querido cuate el Sordo Barnoya, de su entrañable amigo, el Choco Matute”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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