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Pantomima democrática
Por José Barnoya - Guatemala, 29 de julio de 2007
barnoyap@intelnet.net.gt

A usted papá, le va a parecer raro que perturbe su prolongado descanso.

Usted papá —lo digo con franqueza— hubiera desentonada en esta pantomima.

Como nacimos en época de dictadura, los de mi generación no sabíamos nada de democracia hasta que en plena adolescencia llegó la Revolución del 44. Fue en esos años cuando empezamos a disfrutar de una democracia que duró tan sólo 10 felices años en que nos atiborramos en las aulas del instituto y la universidad de ciencias, artes y cultura general, al mismo tiempo que veíamos que en el país reinaba una democracia efectiva y participativa.

Un movimiento espurio decapitó el proceso democrático instaurándose la represión y la regresión que duró una larga noche de más de 30 años al cabo de la cual creímos que iba a llegar un nuevo amanecer democrático a mediados de los años 80; pues en 1985 fue nombrada una no bien representada Asamblea Constituyente que hizo una constitución a la medida de los poderosos de siempre. Eso dio pie para que se instaurara una democracia electorera en la que compiten para los diferentes puestos públicos: el dinero, la mediocridad, el narcotráfico y el cinismo.

Veo entonces hacia abajo y encuentro en nuestro hermoso inframundo al hombre que me dio el nombre, y le confieso: A usted papá le va a parecer raro que perturbe su prolongado descanso de más de 40 años, pero es que la tristeza, la ira y la desesperanza me están atosigando. La tristeza, al ver cómo la impunidad se ha metido hasta en el último rincón; la ira, al darme cuenta que la indiferencia se ha escondido hasta debajo de mi cama; y la desesperanza, al comprobar que la desfachatez y el cinismo ondean en banderas y pancartas.

Usted papá —lo digo con franqueza— no hubiera podido presentarse ahora para aspirar a un puesto público, pues ni su nombre, ni su trayectoria, ni mucho menos su largo y honrado trajinar por esta vida, le llegan a las ejecutorias y realizaciones de muchos de los que en este momento se pelean con ambición desmedida por sentarse en una cómoda poltrona presidencial o en una placentera curul parlamentaria. Usted papá —a pesar de ser médico y cirujano— nunca envió a nadie al otro mundo, y si lo hizo fue sin intención y con un poco de anestesia.

Salvo los cohetes que quemó para los cumpleaños y la Nochebuena, no quemó ranchos ni mucho menos aldeas. La única ametralladora que le vi terciada fue la que encendió para el holgorio de Dolores. No tuvo reparos con el fisco, ni afrontó procesos por defraudación, ni mucho menos dio gavetazos en organismos judiciales, ni aceptó dádivas de nadie. Así como pagó los vales por las enchiladas y los frijoles que degustó donde la Niña Chenta, así también devolvió los envases que le prestaron en La Selecta.

Todos los días, y no sólo en época de elecciones, saludaba sonriente a Tin el barbero; extendía la mano amigable a Beto el de los tamales colorados, y abrazaba cariñoso a doña Lina, la de los chilacayotes. Usted papá, hubiera desentonado en esta pantomima.

Fuente: www.sigloxxi.com


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