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El eterno retorno
Por José Barnoya - Guatemala, 19 de Agosto 2007
jbarnoya@sigloxxi.com

Hace 60 años, la mayor parte de afiliados a partidos tenía ideales y era fiel a los símbolos.

Hace varios días, refugiado en un caserón cursi del norte, el Tribunal Supremo Electoral convocó a la ciudadanía y a los partidos políticos para participar en las elecciones generales. “Vamos a iniciar una fiesta cívica para elegir autoridades”, sentenció con voz de ultratumba el presidente del TSE. En ese momento reculé 4 años pensando en la pantomima electorera que organizan los de siempre, para colocar en cómodas y jugosas poltronas a la mancuerna presidencial, los 158 innecesarios padrastros de la patria derrengada y a los 331 alcaldes de feraces municipios. ¡Corre de nuevo y va jugando!, hubiera cantado el dueño de la lotería La Sampedrana.

Cómo será de apetecible y productivo ese tanate de sinecuras, para que se lo disputen hasta con las uñas más de 15 retazos de partido que postulan —previo pago— a un montón de voraces aprovechados con más interés personal que comunitario.

Hace 60 años la cosa era diferente. La mayor parte de afiliados a los partidos tenía ideales, era fiel a los símbolos y compartía proyectos realistas. Existían pocos partidos políticos pero con buen número de afiliados: el FPL, con más de 50 mil; el PAR, con más de 60 mil.

Mucho antes de que empezaran a proliferar los partiduchos electoreros existían sólo dos partidos: liberal y conservador, que desde el primer cuarto del siglo XIX hasta la mitad del XX, gobernaron y desgobernaron este pueblón. Liberales, como el de Molina y Rivera Cabezas que antecedieron al de Mariano Gálvez, el héroe civil que instauró el matrimonio civil y el voto femenino, contrastando con los 30 años de los conservadores Carrera, Rivera Paz y Cerna, al que destronó la Reforma Liberal de Barrios y a la que siguieron los gobiernos liberales de tendencia conservadora y chafarotezca, como Orellana, Chacón y Ubico. El pueblo siempre mordaz y justiciero dio en llamarles federalistas, cacos, independientes, fiebres y anarquistas a los liberales, así como centralistas, gazistas, imperialistas, serviles y aristócratas a los conservadores.

Ahora con la inscripción en el TSE de grupúsculos ambiciosos, logreros y arribistas, se han multiplicado los calificativos para los afiliados a esos seudopartidos: unetráficopisteros, panitranseros, unioalcaldosos, ríoseferreimpunes, telguacristianos, ganapierdosos, derechoizquierdófilos y zurdoderechófagos.

Ante ese incierto y endeble panorama electoral observando cómo manos izquierdas se entrecruzan con derechas sin ningún recato, y viendo cómo la demagogia y la ambición corren parejas, se aparece en el recuerdo la voz de un malogrado poeta de Totonicapán.

Los ojos vivaces, la mirada triste y la voz auténtica del desaparecido Luis Alfredo Arango sentencia con sabiduría profética: “En Guatemala, cada veinte años, retrocedemos veinte”. Doy la razón al poeta, mientras digo: —Es el eterno retorno querido amigo—.

Fuente: www.sigloxxi.com


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