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Ignorancia supina
Por José Barnoya - Guatemala, 30 de septiembre 2007
jbarnoya@sigloxxi.com

No es más que la negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse.

Siempre se ha dicho que la ignorancia es el peor de los males y la primera de las lacras que, siempre es aprovechada por mafiosos, truhanes y políticos, para embaucar a la gente y así satisfacer sus ambiciones de dinero, fama y poder. Y la única y más efectiva forma de combatirla ha sido que los padres, los parientes y los maestros distribuyan y compartan sus conocimientos con los que los solicitan y necesitan para disfrutar de una vida digna y placentera. Sólo así justificábamos las levantadas de madrugada, el tiempo gastado frente a un pizarrón, lo incómodo de las bancas de pino, los coscorrones y los largos plantones en los corredores por no aprehender las lecciones a ratos tediosas de los maestros.

Con los años fueron apareciendo la lectura, la escritura, las ciencias naturales, las matemáticas, la historia y un montón de asignaturas que en su momento consideramos inútiles, pero que con los años se transformaron en un soporte invaluable para nuestro desarrollo integral.

Entre todas, apareció una ciencia que todos rechazamos por principio: la Filosofía. Pero nos apasionamos por esa ciencia cuando el maestro Ramón nos presentó a Tales —el padre de la Filosofía— y después a un montón de sus seguidores: Pitágoras, Heráclito, quien no se bañaba dos veces en el mismo río, porque no es el mismo en dos instantes sucesivos. Aparecieron después Empédocles, Anaxágoras, Sócrates, Platón, Descartes, Spinoza, Locke, Hume, Kant y su análisis crítico de la mente; Hegel, Engels y el barbudo Carlos Marx, quien descubrió la estructura natural de la vida histórica, así como Darwin descubrió la estructura histórica de la vida natural. ‘

Así, paso a paso, a tragos y rempujones, fuimos saliendo de la ignorancia, hasta repetir con Descartes: “Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero de aprender”. Fuimos eso sí, unos pocos los que tuvimos el privilegio de aprender, conocer y comprobar lo aprendido; un alto porcentaje de los nuestros no tuvo y no ha tenido la oportunidad de trasponer las puertas de la escuela.

Por eso es que da grima comprobar que hay gente – para colmo aspirantes a los más altos puestos de dirigencia – que después de haber pasado por escuelas y colegios de postín muestran al menor descuido su ignorancia. Para muestra, las respuestas que dieron a los entrevistadores, los flamantes aspirantes a dirigir los destinos de esta tierra, cuando se les preguntó acerca de los años de vida independiente que arrejuntaba la patria. Uno a uno fueron respondiendo inverecundos: - No tengo una computadora en la cabeza…haga la cuenta chulita, de 1821 para esta fecha…no soy bueno para el cálculo-.

A eso yo le llamo ignorancia supina —decía el maestro Francisco — que no es más que la negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse; así como lo oyen.

Fuente: www.sigloxxi.com


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