Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Gonzalez Goyri
Por José Barnoya - Guatemala, 25 de noviembre de 2007

Con el tiempo fue enalteciendo su tierra para deleite del pueblo, con esculturas y pinturas.

Era patojo cuando escuché por primera vez los apellidos sonoros y eufónicos. Como la abuela y las tías estaban pasando penas, la familia González Goyri ofreció su mano solidaria, y fue así como doña Luz y las tías se refugiaron por un tiempo en una casa acogedora de la 9a, calle entre 12 y 13 avenidas. Fue ahí en donde tuve oportunidad de compartir con una familia de intelectuales: Óscar, el excelente acuarelista maestro de generaciones de artistas; Fernando —el genial Zigo—quien puso en solfa con sus caricaturas a políticos, funcionarios y personajes de la Guatemala de entonces; Horacio, el farmacéutico, y las hermanas, una de ellas Alicia, quien fuera la madre de Roberto.

Fue en ese hogar en donde Roberto abrevó cultura, destreza y amor por el arte, los cuales desentrañaron su vocación de artista genuino de la escultura, el dibujo y la pintura, artes que empezó a practicar desde patojo, con intensa pasión e inconmensurable asombro.

Para fortuna de la patria llegó con la Revolución de octubre del 44 una eclosión de cultura, y fue el maestro Arévalo quien lo envió a perfeccionarse a Nueva York, en compañía del malogrado Roberto Ossaye. De la ciudad de los rascacielos volvió Roberto convertido en artista, trayendo, entre su paleta, pinceles y cincel su personalidad y estilo propios.

Con el tiempo fue enalteciendo su tierra para deleite del pueblo, con esculturas, pinturas y relieves: bulevares de la ciudad, fachadas de instituciones y centros culturales se embellecieron con su hermoso, pulcro y genuino trabajo. La avasalladora conquista, los héroes indígenas, los explotados obreros y los mártires nacionales quedaron para siempre en la piedra y el lienzo. Día y noche y año con año siguió trabajando intensa, honesta y arduamente, sin importarle enfermedades y sufrimientos.

En el instante en que la sombra ocultó al volcán de Agua, la luz iluminó la hermosa sala en la que la voz amable de Marco Augusto Quiroa invitó a entrar a Roberto. Desde su trono rodante, el artista empezó a recorrer lienzos, esculturas y murales: La Novia, El Corcel de Ulises, Mariposas, El Juego de la Pelota, Barriletes, el Paisaje Apacible; el Toro Prehistórico y la Niña jugando con una cuerda. Extasiado, se detuvo en la pintura Mapa con piedra, para musitar con Manuel José Arce: “Vuelven los helicópteros. Esta vez se declara el aguacero torrencial de balazos, las cortinas que vienen barriendo lo que queda de vida entre las brasas y acosando en seguida la montaña”.

Observó, luego, su bello lienzo la Oda a la Flor Azul de Pablo Neruda musitando con el poeta: “Cerca del mar andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes?”. Luego, con pasión y asombro, Roberto se adentró en la noche.

Fuente: www.sigloxxi.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.