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Revistas de la Patria
Por José Barnoya - Guatemala, 16 de diciembre de 2007

Con la eclosión de cultura de la Revolución del 44 apareció radiante la Revista de Guatemala.

La mayor parte de patojos, los que tienen la suerte y el privilegio de aprender a leer, lo hace en revistas y periódicos antiguos. De esa manera fue como a nosotros nos enseñaron primero a visualizar las letras, luego a deletrear, después a silabear para después leer de corrido. Mi padre encontró en un cajón de papeles viejos una revista, la entregó a mi madre, quien fue la que al abrirla nos mostró el universo inmenso e inagotable de las palabras.

Studium se llamaba la revista científico - cultural que allá por los años 20 publicaba la AEU y en la que escribían los estudiantes sancarlistas. Llegó después de la Argentina: Leoplán, revista que con Nosotras —la primera revista feminista— dio a luz la infatigable poetisa Luz Valle, quien se atrevió a editarla en esos tiempos de machismo exacerbado. Era tanta la discriminación en contra de las mujeres que Lucita tuvo que hacer uso del seudónimo: Héctor Servadac, para poder publicar en los periódicos sus diáfanos poemas.

Con la eclosión de cultura de la Revolución del 44 apareció radiante la Revista de Guatemala, editada por Luis Cardoza y en la que refulgieron las plumas de Arévalo Martínez, Asturias y Monterroso. Los universitarios no podían quedarse atrás y fue a Roberto Díaz Castillo, Tono Móbil y Tono Fernández Izaguirre a quienes se les ocurrió sacar desde la escuela de Derecho la revista Lanzas y Letras, en la que se hermanaron el combate por la libertad y la cultura. Al fenecer Lanzas y Letras y con el arribo a la Rectoría de la Usac del malogrado Rafael Cuevas del Cid afloró de nuevo el entusiasmo por las letras de Díaz Castillo y así surgió la revista Alero que por ocho años, tres épocas y 56 números, distribuyó cultura en la universidad de San Carlos.

Gobernaba esta tierra un espadón, cuando Mario Alberto Carrera se embarcó en la aventura de editar una revista cultural y política que con el nombre de Culpo circuló de febrero a junio de 1975, al irrisorio precio de quince centavos. Juan Olivero recibió a la revista con dos artículos en los que dijo entre otras cosas: “Es estimulante ver a Mario Alberto Carrera y a Chepe Barnoya lanzados en la aventura de una revista con la ilusión de llevar un poco de luz a las conciencias nebulosas de sus semejantes; revista que ojalá llegue al número tres”. Culpo pasó de tres, pero murió con el cuatro.

Rememoro esto cuando recibo de Coatepeque una revista que con el nombre de Ariete, viene rompiendo paradigmas desde hace varios años y lleva ya diez ediciones. Coordinada por Julio Figueroa y Rodrigo Pérez, asienta en su Introito: “La justicia ha dado la espalda al pueblo, quien poco a poco irá tomando las riendas de la misma. No bajemos los brazos, demostremos que juntos y de a poquito, podemos reconstruir nuestro país, arrancando la hierba de raíz para plantar semillas de esperanza”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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