Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Un Belén inmenso
Por José Barnoya - Guatemala, 23 de diciembre de 2007

Sentí el primer remezón cuando tenía escasos siete meses de haraganear en un apacible estanque de líquido amniótico. Detrás, y cada cinco minutos, se sucedieron otras sacudidas que después de romper la fuente me arrastraron por un cálido túnel que me dejó en la intemperie. Un chajazo sobre el cordón umbilical me anunció que la separación era definitiva. A tragos y rempujones, regüeldos y palmotazos empecé a enterarme de lo que me rodeaba: camas, mesas, bacinicas, palanganas, cuadros, armarios y trebejos. Sobre una consola estaba una bomba de vidrio con un patojo dentro: colocho, encarnado el rostro, naturales las pestañas, de vidrio los ojos, ausente el prepucio, de legítima caoba. Las manos entreabiertas: el medio, índice y pulgar extendidos símbolo de la paz, el amor y la solidaridad. Sabiéndolo mi amigo, lo saludaba de mañana y al anochecer. Lo perdía de vista durante los meses de diciembre y enero, pues en esos días ocupaba un sitio especial en la casa.

Empieza desde abajo la construcción de ese Belén inmenso: mesas temblorosas y tablones sostenidos por burros de pino forman la base. Cajas de cartón, papel del grueso, aserrín variopinto, musgo, papel de estaño y pashte del altiplano, conforman valles, lagos, montañas ríos y volcanes que van poblándose de casas, ranchos, iglesias y cantinas. Atrios, plazas, mercados y tiendas los ocupan antigüeños, atitecos y masheños. Afuera de una cantina duermen la soca unos bolitos, mientras que otro, vacilante, abona con sus meados una jacaranda; un batallón de cuques amenaza feroz a unos campesinos que protegen su milpa desnutrida.

Más allá, un lustrador que saca brillo a un par de rieles, mira de reojo en el periódico que lee el cliente, la foto de un presidenciable que ya se cree sentando en la silla inútil del mandamás. Un esqueleto burlón en brazos de encapuchados desfila alegre en la vecindad de la procesión del Nazareno que sale de un templo acompañado de la tristeza de una fila de morados cucuruchos que danzan una marcha fúnebre.

En la cima, un portal iluminado por una pléyade de focos y custodiado por los símbolos nacionales del buey y la mula, alberga a María y José que custodian a su patojo que se regodea sobre un colchón de pashte y musgo. Abajo, en el inframundo, una carabela que ha zozobrado en el mar Caribe, representa a los conquistadores españoles, ingleses, alemanes y gringos. En la playa, varias mujeres yacen violadas ante la mirada de hombres indiferentes.

Son las doce cuando aparecen cuatro figuras: Alfredo, Mario, Maco y el Cabezón a quienes sigue un montón de pastores españoles, peruanos, argentinos, ecuatorianos y chapines que van a celebrar el advenimiento de un Niño que transformado en Hombre -después de expulsar a los mercaderes del templo - fue crucificado por los corruptos, explotadores y masacradores de siempre.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.