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La ética patética
Por José Barnoya - Guatemala, 6 de julio de 2008

Fue un profesor de Gramática —don Panchito Guzmán— quien tuvo la paciencia de no sólo enseñarnos las palabras, sino también cómo pronunciarlas y colocarlas en frases. Por sus lecciones nos enteramos de la sintaxis, la prosodia y la ortografía, así como de la existencia de las palabras agudas, graves y esdrújulas; siendo estas últimas las que se volvieron necesarias en poemas, frases y hasta en canciones de la Huelga de Dolores. Todavía permanecen en la memoria los Cantos Esdrújulos que Édgar, Abel y Humberto entonaban alegres en la Velada Estudiantil de 1950: “Porque esta exótica tierra de imbéciles, ya está jodiéndose por no dejar, mientras los líderes siguen armándose, comemos miércoles sin descansar. Nuestros políticos son tipos lágrimas que a puro título quieren subir, y, aprovechándose de tanto cándido, a costa pública quieren vivir”.

Más tarde me enamoré totalmente de las esdrújulas cuando incorporé al vocabulario la Semántica pletórica de significados; la eufórica Retórica con su buen decir; y a la polémica Dialéctica con su desarrollo de la naturaleza y de la humanidad.

Faltaba aún una palabra importantísima, ahora cercenada del vocabulario, del diccionario y del comportamiento humano: La Ética. Desde la niñez escuché esa palabra de labios de mi tata quien fue su fiel seguidor, pues la aprendió de su padre, y del doctor Máximo Santa Cruz, quién proclamaba: Hay que seguir fielmente el Código de Deontología, pues todo médico debe de ejercer la profesión con dignidad, decoro y conciencia de sus deberes, y con estricto apego a la ética.

Más tarde, ya en el transcurso de la carrera, recibimos lecciones de ética, tanto en las aulas de la Facultad de Medicina, como en las salas del Hospital San Juan de Dios. Manuel Beltranena y Ramiro Gálvez enseñaban que: no era ético recibir comisiones por envío de pacientes; escamotear enfermos atendidos por otros colegas; ordenar o efectuar exámenes innecesarios; la ética es única y auténtica, decían.

Para nuestro infortunio, llegó con los medicamentos modernos la mercantilización inmisericorde; con la máquina sofisticada que escudriña hasta el lugar más recóndito del cuerpo, el fantasma de la dicotomía y con la alta tecnología, la deshumanización. Una forma sui géneris de ética antiestética, patética y antitética se infiltró en la política, los tres poderes del Estado, la industria, el comercio, la agricultura y hasta en la medicina.

La ética, definida como: “Eficacia de la razón en las normas de la conducta”; y la moral, descrita por alguien más como una larga y rigurosa confidencia; fueron borradas del mapa por la corrupción, la inmoralidad y la codicia.

Como una luz de esperanza apareció la voz profética de Jorge Luis Borges: “Quizá la Ética sea una ciencia que ha desaparecido del mundo entero. No importa; tendremos que inventarla otra vez”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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