Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 5 - 2008

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El sueño del pastor
Por José Barnoya - Guatemala, 16 de noviembre de 2008

El anochecer de ese primer martes de noviembre se fue plagando de noticias: el senador por Illinois triunfaba en forma arrolladora en muchos de los estados de la Unión Americana. Fue a eso de las 10 de la noche cuando se tuvo certeza de que el joven, carismático y pacifista (lo opuesto de su contrincante) dirigente del Partido Demócrata triunfaba como futuro Presidente de los Estados Unidos de América; su partido obtenía 56 escaños en el Senado y 251 en la Cámara de Re-presentantes; Barack Obama obtenía limpiamente 349 votos electorales que sobraban y bastaban. De ahí en adelante la euforia y la algarabía se regaron por toda la nación hasta llegar a la Ciudad de los Vientos, donde con humildad, seso y buena dicción, Obama habló a una multitud que en un mar de llanto —hasta el líder Jackson derramó lágrimas— lo escuchó entusiasmada y esperanzada.

Casi medio siglo atrás, al pie de la monumental efigie de Abraham Lincoln, el pastor Martin Luther King hablaba así a sus compatriotas: “No estaremos satisfechos, mientras el negro sea víctima de indescriptibles horrores; no estaremos satisfechos, mientras que nuestros cuerpos agotados por la fatiga no puedan encontrar reposo en los hoteles y ciudades; no es-taremos satisfechos, mientras que nuestros niños sean despojados de su identidad y dignidad por la advertencia: Reservado para los blancos. No estaremos satisfechos, mientras que los negros no puedan votar; no estaremos satisfechos en tanto que la justicia no corra como el agua clara y la virtud como un río majestuoso”.

Al ver que el padre Lincoln se alisaba la barba asintiendo, el reverendo King siguió diciendo: “Tengo un sueño. Un sueño profundamente enraizado en el sueño norteamericano. Sueño que un día sobre las rojizas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos amos se sentarán todos juntos en la mesa de la fraternidad. Sueño que el Estado de Misisippi, ahogado hoy por la injusticia, agobiado por el dolor de la opresión, se convertirá en un oasis de liber-tad y justicia. Sueño —dijo lleno de esperanza—que un día mis pequeños hijos vivirán en una nación en donde no serán juzgados más por el color de su piel, sino por sus méritos”.

Es miércoles 5 de noviembre, cuando Rosa Parks aborda un bus en Alabama; la misma Rosa que fue arrestada por no ceder su asiento a un hombre blanco. Ya adentro, observa cómo un hombre se levanta y le ofrece su sitio. Ella se sorprende cuando lo reconoce por el bigote, la sonrisa y la mirada limpia: es Martin Luther King, asesinado impunemente por balas traicioneras y racistas un 4 de abril de 1968, en Memphis, Tennessee.

Cuando Rosa Parks pregunta hacia dónde se dirige el bus, es el mismo Martin Luther King, quien le responde: “Vamos hacia Washington; anoche tuve un sueño que va a realizarse pronto en esta nación”.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.