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Los mártires de siempre
Por José Barnoya - Guatemala, 28 de junio de 2009

Como catálogo de iniquidad refulgen en el mármol que circunda el atrio de Catedral los nombres de los mártires.

Un grupo de jóvenes está en la creencia —porque así se lo han inculcado líderes mañosos— que eso de la represión y la impunidad arranca de unos pocos años para estos días. Absolutamente falso, pues esos inveterados males se incrustaron en estas tierras feraces y ahora inhóspitas, hace más de 500 años, después del descubrimiento de Indoamérica, como le decía el maestro Carlos Martínez Durán.

La violencia, la represión y la impunidad se entronizaron en este territorio en ese lejano año de 1492. Por eso es que no sólo en la Avenida de la Reforma se ven cruces frescas de mártires sino que en todo el ámbito nacional. Yo al menos he observado desde hace más de 70 años: lápidas y nombres, cruces y fechas que recuerdan ese interminable martirologio. En la esquina de la 11 calle y 6a avenida, está la placa que recuerda a Juárez, Orozco, Acevedo, Urrutia y Carrillo, sacrificados en junio de 1956 por la mal llamada Liberación; en la esquina del Musac se observa el bronce que re-memora el sacrificio de Funes, Gálvez Galindo y López Toledo, inmolados en 1962 por una patrulla ydigorista; además, las lápidas que rememoran: el ametrallamiento por la espalda de Adolfo Mijan-gos en la época aranista y en la zona 9, la inmolación impune de Manuel Colom Argueta durante el desgobierno de Lucas.

Como un interminable catálogo de iniquidad refulgen en el mármol de las pilastras que circundan el atrio de Catedral los numerosos nombres de los mártires: los Quisibal, seguidos de los Quixam, An-tonio Santay y su prole, los Chibalán, Chiquín, Chipel. Abajito, los Tojín, Tot y Tomás; los Mus, Mar-garita Muc y los Morente. En las pilastras del centro las víctimas ejecutadas: los Hu, los hermanos Ical, Prudencio Ijon, Magdalena Icoj, los Imul, los Itzep y los Ixcoy. De las pilastras que protegen a la señora que vende veladoras y candelas, brotan más nombres de víctimas de masacres: Benito, Manuel y Prudencio Mato, los primos Montejo, los abuelos Misti, Mateo Pablo y Juan Pabaquil.

Por los cuatro costados, los pilares de mármol de Zacapa, muestran al mundo los nombres de los desaparecidos: las familias Zapón y Zapeta, los cuatro Caal, los cinco Caba, los siete Cahuec. To-dos, absolutamente todos, víctimas de las torturas, las masacres, desapariciones y ejecuciones. Lo mismo en Chichupac que en Plan de Sánchez; en Río Negro que en Xamán.

Una interminable lista de víctimas de la ignominia, mártires todos de la insanía, la incomprensión y la injusticia. Voy por la 10a calle, llego a la iglesia de Santo Domingo y en el lugar en donde se cruzan la 12 avenida y la 12 calle, me prosterno ante la sangre inocente y mártir de la antropóloga Myrna Mack que me recuerda: —Ellas y ellos son las víctimas de todos los tiempos sacrificados en la lucha por la igualdad, la libertad, la fraternidad y la solidaridad—.

Fuente: www.sigloxxi.com


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