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Desde que la samba es samba
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 27 de octubre de 2004

Brasil está de moda. No sólo en cuestión de futbol, sino de cultura y desde luego de política. Desde el triunfo de la izquierda, hace dos años, el nombre del presidente Luiz Inácio Lula da Silva le da vueltas al mundo. Y con él, personajes como Frei Betto y Gilberto Gil.

Sin embargo, no toda la izquierda está satisfecha. Hay voces críticas como el Movimiento de los Sin Tierra. Demandan que los cambios se profundicen y que no se hagan concesiones a los grupos de presión internacionales. Talvez porque la victoria electoral no fue fruto del ascenso del movimiento de masas, sino resultado del fracaso del modelo económico neoliberal, que se agotó en sus propias contradicciones.

De todas maneras, Brasil es un gigante que despierta hacia el cambio. Con un crecimiento económico que va tomando auge. Paralelo, o más bien integrado al programa "Hambre cero". Se llevan también a cabo investigaciones sobre las violaciones de derechos humanos por los militares, a pesar de las resistencias de sectores del Ejército que obligaron a una dura reacción del Presidente para ponerlos en orden.

En una escuela de Estocolmo he visto a un grupo de entusiastas suecos practicar Capoeira. Capoeira es un tipo de arte marcial, en el que la música marca los movimientos. Físicamente, es un ejercicio aeróbico que requiere resistencia y preparación. Pero también demanda agilidad mental para improvisar ataques y defensas. Alguien ha dicho que la Capoeira es un acercamiento al alma del pueblo brasileño.

Capoeria. Futbol. Masas. Música. Brasil atrae y seduce. El espíritu carioca fue definido por el gran novelista Jorge Amado, como una mezcla balanceada de la alegría portuguesa, el ritmo africano y la melancolía del indígena. Amado resaltaba la cohesión nacional brasileña, basada en la cultura popular. Porque Brasil es su pueblo: música, futbol, Capoeira, Carnaval (donde desaparecen las clases sociales).

Recientemente Gilberto Gil obtuvo el Premio Polar que concede Suecia (equivalente a un Nobel de la música). Un artista que revolucionó la música en los sesentas, al integrar la samba, el jazz, el bossa nova,el rock y otros ritmos, en lo que llamó Tropicalia, estilo que desarrolló con Caetano Veloso.

Gilberto Gil hizo música de protesta en los 70 y fue perseguido por la junta militar. En sus años de exilio en Inglaterra, siguió denunciando las injutsticias sociales. Hoy es el ministro de Cultura del gobierno de Lula. En el Foro Mundial Social de la India (encuentro mundial de la antiglobalización), en enero pasado, le correspondió cerrar el evento. "La globalización puede usarse a nuestro favor", fue su mensaje. Siempre y cuando se evite y se superen "las tendencias culturales hegemónicas." Porque según el artista brasileño: "la Humanidad exige que todo mejore."

Tomado de www.sigloxxi.com


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