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David Unger, guatemalteco errante
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 28 de noviembre de 2004

Es el escritor guatemalteco de Nueva York. Pero nadie es profeta en su tierra. En Guatemala, David Unger es apenas conocido.

A él se deben magníficas traducciones al inglés de autores como Sergio Ramírez, Mario Benedetti, Barbara Jacobs, Nicanor Parra y Vicente Aleixandre, por las cuales ha recibido premios. Entre otros, del Consejo de las Artes del Estado de Nueva York. En 1998 tradujo el Popol Vuh en versión de Víctor Montejo.

David Unger dirige el City College´s Publishing Certificate Program y es coordinador en Estados Unidos de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Como poeta ha publicado Caterpillar nor Butterfly y The Girl of the Teehouse y en 1998 obtuvo el premio de poesía Ivri-Nasawi Poetry Prize. Muchos de sus trabajos están incluidos en antologias y revistas norteamericanas.

A Unger le calza lo que afirmó Cortazar cuando le preguntaron de dónde venía. "Yo vengo de mi infancia", fue la famosa respuesta. Un territorio perdido sólo reencontrable en la memoria, que es el alma de todo escritor.

Nació en Guatemala en 1950 en el seno de una familia judía. Ha vivido en Estados Unidos desde 1955, cuando su familia se vio obligada a abandonar el país. En una reciente entrevista David Unger rememora pasajes de su infancia en el centro histórico, los volcanes, la comida guatemalteca. Unger explica también por qué escribe en inglés. Cuenta que echaba de menos su país natal, sin poder manifestarlo con palabras. Como todo inmigrante, el desafío era adaptarse. Fue criado y educado en ese mundo anglosajón y para él, años después, reaprender el español fue un esfuerzo para recuperar su patria perdida. Unger reivindica siempre su origen guatemalteco.

Su novela Vivir en el maldito trópico, ha sido ahora traducida por el hondureñoWalter Krochmal y publicada por la editorial española Plaza & Janés. Con solventes estructuras narrativas, Unger hace un retrato de época, mediante la historia de una familia judía. David Unger nos dice: "Yo quería escribir una novela que tuviera lugar en Guatemala a principios de los ochenta, cuando la guerrilla comenzó a fortalecerse en los centros urbanos, lo que obligó a sus residentes a darse cuenta de que lo que pasaba en el campo también estaba sucediendo a dos cuadras de sus casas. En Guatemala teníamos escuadrones de la muerte apoyados por los militares. Por otro lado, los judíos de Guatemala son 100% guatemaltecos, pero por su vida errante y los prejuicios hacia ellos, nunca se sienten cómodos en la casa de otro."

No hay duda de que la literatura es otro de nuestros contrastes. A pesar del analfabetismo y la falta de lectura, Guatemala ha producido escritores. Varios han tenido que vivir fuera del país. Es hora de ir cambiando las cosas. Los escritores guatemaltecos deben volver a través la lectura de sus obras.

Fuente: www.sigloxxi.com


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