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La niña de Guatemala
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 20 de febrero de 2005

Una marimba guatemalteca fue abandonada en 1954 en Moscú. La caída de Arbenz sorprendió al grupo en una gira, y después de la invasión y del posterior golpe no les enviaron ni los pasajes. No pudieron retornar entonces el instrumento nacional era una marimba labrada que se llamaba "La Niña de Guatemala". Debe de estar, en el mejor de los casos, en algún museo ruso. ¿Quién podrá ahora tocarla?

El tema de La Niña parece inacabable. Nuestra Niña sigue fascinando a todas las generaciones. Uno de los poemas más declamados del mundo. Ha sido también motivo de inspiración para músicos y escritores. Pocos textos, como La Niña de Guatemala, se han musicalizado tanto a lo largo y ancho de toda América Latina. Y es parte de un anecdotario que da pie para escribir novelas. Son notables dos, recientemente publicadas. La del guatemalteco Francisco Goldman ("El esposo divino") y la del escritor cubano Antonio Alvarez Gil, que lleva el sugestivo título de "Las largas horas de la noche". Alvarez Gil ha recreado el romance entre José Martí y María García Granados de manera exquisita y convincente.

Pero el poema de Martí nos sirve también para una posible metáfora. Guatemala como una niña. Y de ahí traspolaríamos al concepto de la infancia. La desamparada población guatemalteca. Los niños como perdedores de siempre, en un país de mayores injustos. La infancia es breve y duradera, afirman los sicólogos. Los daños y traumas producidos durante los primeros años de vida pueden resultar definitivos para el desarrollo de la vida adulta. Estaríamos entonces ante una bomda de tiempo casi atómica: los miles y miles de huérfanos guatemaltecos que no tienen una protección adecuada. Los niños de la calle. Los pequeños huérfanos de hoy son los mareros de mañana.

Pero La Niña de Guatemala conllevará siempre al encanto. Al pensamiento de que se trata de una infanta bellísima y cautivante. La imagen indeleble de María García Granados que hechizó al héroe cubano. La quinceañera que tocaba el piano con manos de seda. El daguerrotipo que ha quedado no deja de sorprendernos. María parece traspasarnos con la profundiad de sus ojos. Con la misma dulzura colosal que atrapó al joven Martí. La metáfora entonces nos movería a otro significado: la belleza de Guatemala. Un país que sin embargo y en palabras de un poeta nuestro: "es bello y horrendo". Por las sórdidas contradicciones del país. Por los violentos contrastes. La injusticia y la violencia se han hecho permanentes en el paisaje guatemalteco.

Guatemala sigue contando todavía su historia, no la sombra de un ala, sino bajo la oscuridad del desamor. Es la falta de amor lo que mata. Como en el fondo bien lo entendió Martí, cuando arrepentido y con el alma arrugada por el dolor, escribió el genial poema a su Niña de Guatemala. Nuestra Niña que hoy muere de frío y de desnutrición.

Fuente: www.sigloxxi.com


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