Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Laboratorios Frankenstein
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 20 de marzo de 2005

Hay para rato con el TLC. Hasta ahora, demasiada prisa y poco estudio. Increíble la irresponsabilidad del Congreso. Y evidente la falta de voluntad del Gobierno para discutir los contenidos del Tratado y sus consecuencias. Como si fueran los espejitos de la Conquista, se pretende seducir a la población con el argumento de que es la vía para el desarrollo. Pero no lo es, al contrario, producirá más pobreza. Y no valdrá entonces la falacia de que "la pobreza no tiene causas".

Centroamérica está comprometida de antemano con los designios del Coloso del Norte (llamado ahora por algunos "Patria Grande"). Pero se olvidan o desconocen las inconsistencias de fondo. En primer lugar, la debacle de la Organización Mundial del Comercio en Cancún (2003), debido a la intransigencia norteamericana de defender los subsidios a la agricultura, lo que permite a los agricultores de Estados Unidos competir con enormes ventajas sobre los del Tercer Mundo. Se trata de trabas al libre comercio a nivel global, pero imposición a nivel regional de tratados bilaterales que convienen a Washington. En segundo lugar, se menoscaba el hecho de que el TLC está abocado a eliminar sobre todo las barreras no arancelarias, las que supuestamente "deterioran las condiciones del acceso al mercado". En realidad esto significa una defensa de las transnacionales en temas como los genéricos. Una especie de proteccionismo disfrazado. Las aduanas seguirán casi iguales y los grandes ricos no tendrán la presión de pagar más impuestos, mientras los posibles exportadores de Guatemala no deberán esperar grandes tasas de disminución aduanera para sus productos. Por último, hace falta la libre movilidad de personas. El TLC está pensado para el capital no para los migrantes, que seguirán siendo perseguidos y frenados en las fronteras. Guatemala con el 10% de su población en Estados Unidos debió negociar más este punto.

Frankestein es la historia del científico que, con miembros de diversos muertos robados de los cementerios, elabora una forma aparentemente humana. El síndrome de Frankestein resulta en política un estado de ingobernabilidad que finge control. Es la incapacidad de tomar decisiones políticas correctas, recurriendo en lugar a la represión, la manipulación y la desinformación.

Pero ni con la altura de Stein ni con la visión de Frank Larrué, se saldrá del pantano. Sólo un pacto social evitaría que la polarización en gestión llegue a un estallido social. La pobreza generalizada es como un polvorín lleno de fumadores.

Ante la movilización social, por falta de canales reales de influencia, el aparato estatal descalifica a la oposición dentro de una línea de criminalización de la protesta social. Frankestein pretende dorar la píldora a la vez que quiere que todos se la traguen con ayuda de lacrimógenas y garrotazos.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.