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Pantalla chica y mundo grande
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 3 de abril de 2005

Cómo acabará insertándose la globalización en la televisión guatemalteca? ¿Y qué sucederá con el pensamiento social ahora que se vive una etapa de retroceso cultural y de pérdida de memoria histórica?

Una cuestión central resulta la relación inobjetable de la televisión con la identidad nacional, por el poder comunicativo que tiene la "pantalla chica", que se agiganta con su influencia y llegada a millones de televidentes.

Guatemala fue de los primeros países latinoamericanos en tener televisión. Sin embargo, la televisión guatemalteca, vista en su conjunto, padece de serias deficiencias. La tele guatemalteca ha sido en general una reproductora de programas y peliculas extranjeras. Lo que sin duda afecta no sólo la percepción nacional de los televidentes, sino juega un papel negativo en la formación de opinión y en el mismo desarrollo del país. Sigue privando la mera imitación y la copia barata. Vivimos la época del Big Brother, profetizado por Orson Wells, donde un control invisible y la manipulación, se enquistan en un mundo de individuos cada vez más individualistas, poco cohesiandos entre sí.

Guatemala a diferencia de otros países latinamericanos, no produce ni siquiera sus propias telenovelas. Hecho que confiere a los televidentes chapines el ser una periferia de la periferia. La televisión nacional (¿es realmente guatemalteca?) afronta entonces un desafío histórico. Con la globalizacion y las aperturas del cable, corre el riesgo de desparecer en el montón. De diluírse y no jugar el papel de crear opinión y brindar también entretenimiento, sobre bases de valores propios.

La televisión puede ser un medio que contribuya al desarrollo y a la autoestima de un país. Pero requiere de inversión estatal y privada. De interés artístico y de promoción. Existe un potencial enorme para la industria de la televisión en Guatemala. Necesidad de programas para niños y jóvenes y sobre aspectos culturales, históricos y deportivos. Es hora de prender la tele nacional. Con posibildades de creación de nuevos empleos y de capacitación.

Hay osbtáculos. Primero la falta de conciencia del problema. También los bajos salarios pagados a los empleados, lo que desmotiva la creatividad. Y ante todo la carencia de un "gusto nacional", más bien la preminencia de uno basado en modelos importados. Los canales han adquirido un perfil indefinido, totalmente dependientes del comercialismo. La estructura cultural de la sociedad guatemalteca ha sido siempre influenciada por este tipo de televisión, hecha para una mentalidad consumista y desparticipativa. Los riesgos de consolidar la alienación, sino hay cambios, resultan ahora mayores. La pantalla chica es un espejo que si no refleja lo que somos, ni siquiera lo que deseamos ser, nos llevará a un mundo ficiticio, ajeno e inalcanzable.

Fuente: www.sigloxxi.com


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