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Las mil voces de Óscar Vargas Romero
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 11 de abril de 2005

El maestro Óscar Vargas Romero soñaba hace más de medio siglo con la realización, en el país, de una función coral con mil voces. En Guatemala muy pocos se acuerdan ahora de este extraordinario músico, fundador del Coro Nacional. Obligado al exilio en 1954, continuó su labor en Ecuador, transformando la musica coral de ese país, donde su recuerdo tiene gran estima. Vargas Romero fue el primer director de la desaparecida Dirección Nacional de Bellas Artes, creada por el gobierno de Arévalo Bermejo y que fuera el arranque de un movimiento cultural sin precedentes, durante el cual se fundo el Coro Guatemala, el Ballet Guatemala, la Orquesta Sinfónica Nacional, se llevó el teatro a las provincias (con un proyecto de Hugo Carrillo) y se dignificó a los artistas del país, creándose plazas de trabajo, becas y estímulos como premios y concursos.

Vivimos sin duda una época de retroceso cultural. Con una derecha inculta en el poder, que no ha sabido comprender la significancia de la cultura para el desarrollo. Los grupos e instituciones culturales sufren cada vez las políticas neoliberaloides, que conllevan siempre a reducción de plazas y presupuestos.

El Estado tiene una obligación ineludible de crear e implementar una política que sea coherente y eficaz, dentro de un necesario marco: el de los Acuerdos de Paz sobre multiculturalidad e integración nacional. Y seguir las orientaciones generales de UNESCO, en especial los documentos aprobados en la 30 conferencia intergubernamental de políticas culturales celebrada en Estocolmo en 1998. Guatemala debería impulsar entonces "la cultura hasta el núcleo de desición política en pro del desarrollo sostenible". La cultura vista como factor de movilización social, formación y reforzamiento de la identidad nacional.

La situación de carencia de las instituciones culturales es resultado de repetidas y falsas prioridades que le han dado a la cultura el lugar de cenicienta. Sin embargo, las mil voces conque soñaba Óscar Vargas Romero no se han extinguido. La entrega y el talento de los integrantes del Coro Guatemala, dirigidos por el maestro Rubén Darío Flores, han permitido su supervivencia; aunque sometido, como todos los grupos e instituciones culturales del país, a la desfinanciación y a los desmanes de la improvisación de funcionarios sin criterio ni experiencia en el ámbito de la administración y gestión cultural.

Más presupuesto. Más flexibilidad y diálogo con los artistas nacionales. Menos autoritarismo y ceguera. Pero ante todo saber que los cambios no llegarán desde "arriba", desde donde se ha producido la desfinanciación. Sino con la lucha organizada de los trabajadores de la cultura, los artistas independientes y los funcionarios honestos. Sin cultura y educación no podremos despegar en este mundo globalizado de gran nivel competitivo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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