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Pobreza y prosperidad
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 25 de abril de 2005

Antes de la debacle de la Rusia Soviética, hablar de la pobreza y de sus causas podía ser interpretado como subversivo en países pobres y militarizados, dominados por oligarquías excluyentes.

En América Latina el neoliberalismo se expandió y aplicó en el siglo pasado como la medicina para producir riqueza. El Estado tenía que reducirse y privatizarse. Los impuestos deberían ser lo más bajos posible. La mano invisible del mercado arreglaría todo.

El estrepitoso fracaso del neoliberalismo ha llevado a cuestionar seriamente sus supuestas bondades. Y ha conducido a clarificar de nuevo las relaciones entre pobreza, riqueza, sociedad y Estado. La cruda realidad ha desbaratado las falacia neoliberal de que "la pobreza no tiene causas".

Las Naciones Unidas trazaron las llamadas metas del milenio, dentro de las cuales la principal es disminuir drásticamente la pobreza para el año 2015.

Ya no pueden retardarse los cambios con el pretexto de que son ideas comunistas. La pobreza ha sido reconocida como un mal insoportable y dañino que afecta a millones de seres humanos. La pobreza es el enemigo mayor de la democracia y del desarrollo humano.

La lucha contra la pobreza no implica destruir la riqueza ni dañar la descapitazización (el capital es, además, trabajo acumulado), sino se trata de identificar las causas sociales, políticas y económicas que la producen, con el objetivo de erradicarla y prevenirla.

Las sociedades de corte oligárquico y excluyente producen siempre pobreza.

Concentran la riqueza en pocas manos y convierten al Estado en un instrumento de grupo. En países como Guatemala, la vía a la prosperidad suele tener dos alternativas terribles: la primera es la clásica explotación privada, inconsiderada y salvaje de los recursos naturales y humanos, en combinación con evasión de impuestos. La segunda es la corrupción o hacerse rico a través del saqueo del Estado (Portillo y Cía, EMP, etcétera).

La prosperidad es un anhelo general e individual. Un derecho humano y social. La experiencia de la humanidad demuestra que sí es posible superar la pobreza. Se exige como mínimo una conciencia del problema. Luego una solidaridad efectiva de todas las partes (empresarios, sociedad civil, Estado, trabajadores). Por último, pero no por eso menos importante, demanda una lucha constante. La historia siempre continúa.

El fin de la guerra interna significó eliminar el principal obstáculo para el desarrollo. Además de que toda guerra interna es causa de pobreza. La democratización efectiva, siguiendo los Acuerdos de Paz, es una vía segura para salir de la pobreza y crear condiciones de prosperidad general. La pobreza no es solamente falta de dinero, sino falta de acceso a la educación y a la cultura. La pobreza impide el goce pleno de la vida y la posibilidad de decidir sobre la misma.

Fuente: www.sigloxxi.com


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