Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Veinte años no es nada
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 8 de mayo de 2005

Guatemala tiene 20 años de democracia. Dos décadas desde el fin de los sangrientos gobiernos militares. Pero la democracia se debate hoy entre la realidad y la utopía. Entre el sueño y la pesadilla del despertar cada mañana con la inseguridad y la pobreza tocando duramente las puertas.

No es lo mismo hablar de democracia que crearla, desarrollarla, vivirla plenamente. Y peor aún resulta hablar en nombre de la democracia sin sentirla ni servirla.

Con todas sus carencias, la democracia se sostiene; una mayoría de chapines la prefiere. Pero anhela cambios y que sea pronto. Se quiere y requiere una democracia que suministre bienestar y que resuelva los problemas terribles de la sociedad guatemalteca.

Una definición de democracia resulta exigencia difícil. No es lo mismo democracia para el habitante de los barrios marginales o para el campesino sin tierra y sin trabajo, que para las familias oligarcas, acostumbradas a tratar y administrar sus provincias, el país entero, como si fueran sus fincas o una de sus empresas. Para muchos oligarcas guatemaltecos la democracia es sólo un municipio de Escuintla.

La democracia es una palabra con muchos significados. Un significante polisémico, diría un lingüísta endiablado. Es algo que denota demasiado y es tan amplio que lleva a limitaciones, al tratar de encerrarla en un solo concepto. Desde la lección lexicográfica del famoso demos y el cratos, hasta las representaciones posmodernas, la democracia es discutida con fervor. A veces con temor.

Un sistema democrático es un mecanismo social y colectivo de toma de decisiones. En todo caso la referencia a la toma de decisiones resulta inevitable. La democracia ante todo un asunto político. Implica una ideología y una forma de ver el mundo y defenderlo. Con una serie de valores que definen el comportamiento individual y social.

Existe la democracia representativa y la participativa. La primera refiere al sistema de partidos y elecciones. Con la gran debilidad de que la representación puede corromperse, los representantes (o clase política) se representan a sí mismos. La democracia participativa implica una dinámica más social, no sólo de mecánica electoral sino de participación real de amplios sectores ciudadanos. La sociedad civil en este caso forma parte esencial de la democracia.

Un tercer aspecto fundamental, es la cuestión sobre lo que suministra la democracia. ¿Qué se recibe de vuelta? Si la democracia suministra salud, educación, seguridad, empleo, etc. entonces el país se habrá democratizado.

La democracia si no se desarrolla muere, se pudre, se convierte en un ritual y en fachada. Con el resultado de la ingobernabilidad, que lleva a la violencia, la impunidad y la pobreza. Veinte años es poco para un país sin cultura democrática. Pero es mucho para no estar alcanzando ya cambios.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.