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Del azúl al cielo
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 26 de junio de 2005

De nuevo Ana Carlos. Esta vez con el cortometraje Del azul al cielo, película producida dentro de la serie Caminos del Asombro. En 22 minutos, Ana Carlos ha realizado una verdadera alegoría de Guatemala.

Ana Carlos continúa con el método de trabajar estrechamente con una comunidad. Los habitantes de Comalapa se han integrado al proyecto participando en diferentes niveles que van desde los extras a papeles centrales. Aunque una lectura estructural del filme le daría a la propia comunidad el papel protagónico. Comalapa... como personaje central. Y como referente simbólico histórico.

El trabajo combinado de ficción y testimonio concuerda con anteriores cintas de Ana Carlos (por ejemplo: Uraga). Se trata de docudramas que recuerdan o siguen la tradición del cine latinoamericano a la Sanjinez (Bolivia) y también del chileno Miguel Litin. A través del docudrama y la participación de la comunidad, que reencarna en los papeles sus propias historias de vida, retoma Ana Carlos un capítulo no superado de la historia inmediata de Guatemala. El olvido será siempre una forma de injusticia. Y la pérdida de referentes y de memoria histórica no contribuyen a la superación de las heridas no curadas de la guerra que asoló al país durante más de tres décadas.

Sin embargo, no se trata de una obra m*s de la guerra, producida en el período de posguerra, sino de una alegoría perfectamente diseñada y concebida como testimonio y que se convierte en poesía, en color, en denuncia... pero también en esperanza. No encontramos ningún rasgo de autocompasión ni perspectivas de victimización. Tampoco se apela al señalamiento barato ni a la postura seudomoralista. Ana Carlos hace en cambio coincidir la estética con la ética, mediante un sólido lenguaje estrictamente fílmico.

La historia trata de una artista huérfana de Comalapa, que sueña con ser pintora, a pese a la oposición primera del abuelo que la ha creado. La perspectiva de género inmersa en la reconstrucción de la historia reciente de Comalapa y del país, a través de los cuadros que va haciendo la muchacha que encarna el papel de la artista (las pinturas han sido en verdad hechas por la pintora comalapense Paula Nicho).

La magnifica música de Paulo Alvarado es un puntual en esta producción. No se trata de música de fondo, sino de un lenguaje mediático que ha combinado felizmente el nivel sonoro con el visual. El trabajo de curadoria de Isabel Ruiz y la impecable dirección de fotografía de Daniela Sagoni son también componentes creativos de la película. Y Ana Carlos ha sabido ejercer con solvencia el trabajo de dirección. Estamos, sin duda, ante la consolidación de un equipo fílmico de gran factura y que promete muchas sorpresas en el futuro. El cine nacional ya no es un sueño, sino una realidad que despierta cada vez más.

Fuente: www.sigloxxi.com


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