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Cerrar la Pineda Ibarra es un error
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 5 de julio de 2005

El Ministerio de Educación ha decidido cerrar la Editorial Pineda Ibarra. La medida es un error, que además de garrafal considero histórico. La Ministra cargará con la responsabilidad de haber liquidado una institución que forma parte del patrimonio cultural de la nación.

Los criterios parecen haber sido de carácter técnico y presupuestario. Por un lado, la falta de actividad de la Pineda Ibarra y la planilla de sueldos de los empleados. Por otra parte, una maquinaria anticuada que produciría sólo gastos. Los anteriores criterios son sin duda superficiales e inconsistentes. En primer lugar, el sello editorial no es responsabilidad de los empleados, sino que éstos son parte del personal del Ministerio de Educación; por tanto, podrían ser reubicados, jubilados o indemnizados luego de estudiar cada caso individualmente. Se trata de la responsabilidad social de la parte patronal. En segundo lugar, la maquinaria anticuada puede venderse o, en último caso, donarse. Lo que la Ministra y sus asesores no parecen haber entendido es que en el mundo posmoderno la actividad editorial no está supeditada a imprentas, sino es el sello el que vale.

Hablar del sello editorial Pineda Ibarra es penetrar en la tradición gremial de la labor editorial en el país. El nombre Pineda Ibarra resulta emblemático. La Editorial Pineda Ibarra fue obra de la Revolución de Octubre. La creación de la Biblioteca Popular 20 de Octubre fue el primer gran paso editorial de la modernidad guatemalteca. El hoy legendario editor Bartolomé Costa Amic hizo realidad la gran obra editorialista del período 1944-54. Con la llegada de la llamada Liberación se cambió de nombre a la colección que se bautizó con el nombre de 15 de Septiembre. Ni la Liberación se atrevió, o tal vez no quiso acabar con la Pineda Ibarra. En los años sesenta y setenta se publicaron con el sello Pineda Ibarra obras fundamentales de la nación guatemalteca, como el Seminario de Integración Nacional.

En suma, no sabemos qué se hará con las colecciones, ni con el inventario de incunables y manuscritos. Se cierra de un plumazo la única editorial estatal con más de medio siglo de existencia, en momentos en que la falta de lectura es un mal endémico en el país. No se considera tampoco el sentido de patrimonio cultural de la Pineda Ibarra. En otros campos el neoliberalismo gobernante da concesiones y privatiza. Pero libros y referentes históricos no les interesa, o no entienden de qué se trata.

Queda nada más esperar que en el Congreso se levante una moción digna para declarar a la Pineda Ibarra como patrimonio cultural, y salvarla. O que la Ministra reconsidere la decisión y someta el caso a un estudio serio, con participación amplia para conservar el sello, y en vez de liquidar a la editorial Pineda Ibarra, desarrollarla acorde a las necesidades del país.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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