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Ni a patadas
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 24 de julio de 2005

Establecer relaciones de causa y efecto entre la situación general del país y los resultados futbolísticos, sería demasiado simplista. Pero tampoco podemos obviar que toda actividad social -y el futbol es una de ellas- está inmersa en la dinámica de la sociedad y, por lo tanto, influenciada por las condiciones sociales y culturales.

Con las expectativas de triunfos en el camino hacia el Mundial, la selección ha adquirido en momentos de euforia el papel de catalizador de la esperanza y brinda cierta cohesión social. De pronto el terrible presente puede ser menos insoportable. No porque el futbol venga a solucionar los graves problemas, pero sí permite un marasmo -en forma de delirio colectivo- que cumple las funciones del viejo circo romano. Pero sólo circo, pues el pan sigue pendiente. Lo peor es que ni el circo funciona y la selección sigue perdiendo.

El lacerado ser guatemalteco se rescata levemente con los goles de El Pescado Ruiz. El futbol se convierte en un alegre sedante y cumple una función de alejamiento de la realidad. Aunque la realidad del futbol nacional se encarga de romper pronto el hechizo y poner sobre la mesa las cartas chapinas: mala nutrición, baja autoestima, incapacidad para la organización, insuficiente tecnología, y siga contando los males que aquejan a los guatemaltecos. Cómo no va a ser entonces el futbol un espejo de lo que Guatemala vive.

Recordemos viejos momentos históricos dentro de este delirio colectivo. En los 60, El Grillo Roldán desde fuera del área perforaba la meta del mexicano Calderón. Gran final en el Mateo Flores. Jugamos como nunca para perder (1-2), como casi siempre. Dos años más tarde era el turno de Manuel escopeta Recinos, de nuevo contra México. Esa vez sí ganamos el campeonato (NORCECA se llamaba). Después vino el famoso gol de David Stockes contra Checoslovaquia en las Olimpiadas. Y seguíamos delirando hasta que Haití se vino a encargar de regresarnos a la realidad y el Mundial de 1970 lo veríamos en la televisión y no en las canchas. Haití, un país todavía más pobre y atrasado que el nuestro.

Desde entonces se repite la historia con variantes de nombres y con algunos goles inolvidables (como el gol de oro de Plata contra Brasil). Pero no clasificamos, no ganamos, no hemos evolucionado. Mientras otros centroamericanos (Panamá, incluido) nos demuestran que sí se puede. Ahora necesitamos de un entrenador hondureño que afirma: "No hay jugadores". O sea: pobre país primitivo.

¿Por qué el futbol de Guatemala no se compone ni a patadas? Tenía razón el argentino Brindisi cuando señaló el estado lamentable de nuestras canchas y de las ligas menores. Además, la falta de profesionalismo (dejarse expulsar, perder la concentración y la cabeza, no colaborar en la cancha, tener fricciones internas, etc.) corresponde a los síntomas de la gran crisis nacional.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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