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78 dólares
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 29 de agosto 2005

Podemos estar a las puertas de una crisis mundial causada por el alza imparable del precio del petróleo. El petróleo es sin duda el producto de mayor actividad global. Una crisis que podría convertirse en una nueva Gran Depresión, con consecuencias fatales para el bienestar de los pueblos.

La posesión de hidrocarburos tiene un carácter estratégico en la geopolítica mundial. Pero el petróleo se está agotando, y un verdadero recambio tecnológico con energías alternativas no se visualiza a corto ni a mediano plazo.

Ya en la última reunión del llamado G-8, o países más ricos del mundo, realizada en julio en Escocia, se recomendó la inversión en otras fuentes energéticas, al reconocerse las enormes proporciones de la demanda global. Se pidió entonces la apertura de los mercados y la colaboración en la fluidez de la información, para reducir la especulación.

De acuerdo con expertos del Instituto Sueco de Estudios Coyunturales, el límite máximo del barril de petróleo crudo es de $78. Es decir, si el precio sube a esa cantidad afectará el crecimiento de toda la economía europea y mundial. Especialmente dañados serían los países que importan petróleo. Y aunque Europa se resentirá, afirma el experto Mats Dillén, los daños serían mayores en la economía norteamericana.

También The International Energy Agency (IEA) concluye en que el crecimiento se reduce en un 0.4% por cada $10 de alza en el precio. Y de continuar en el nivel actual de $65, el crecimiento europeo se encogería a la mitad.

La dependencia europea hacia el petróleo se ha reducido sin embargo en los últimos 25 años. Se han desarrollado nuevas formas energéticas; se ha controlado hasta ciertos límites la combustión de los automotores, y se tienen pozos propios de petróleo (Noruega, Rusia).

La economía norteamericana es más dependiente. El petróleo es el motor del imperio. Además de que el "recalentamiento" de la economía norteamericana hace rato traspasó sus límites. De hecho ya hay demasiadas quiebras de empresas en Estados Unidos, y el desempleo tiende a subir. Los precios del crudo afectan no sólo la producción general, sino llevan a una inflación galopante, que en el mediano plazo puede causar estragos.

Los países altamente dependientes de los hidrocarburos sufrirían terriblemente los efectos de una nueva depresión mundial. Guatemala y los demás centroamericanos tienen una doble dependencia con la economía norteamericana y con el petróleo. Agregando las carencias y problemas en la situación social, una crisis mundial llevaría a inimaginables daños en el tejido social, ya de por sí muy afectado. Urge que esos países implementen políticas energéticas acorde a la coyuntura, para prevenir y, en todo caso, paliar los efectos devastadores por los precios del crudo.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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