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El teatro y Miguel Ángel Asturias
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 4 de septiembre 2005

El teatro de Miguel Ángel Asturias no tiene público en Guatemala. No lo tiene porque no se representa. Es en este sentido un teatro muerto, acaso motivo de leve interés académico de contados estudiosos. Pero desde hace años que no se ponen en escena. La "gente" no lo conoce, apenas sabe quién fue el señor gordo de quien hay una estatua de La Reforma.

Hugo Carrillo, un gran asturiano, tuvo siempre proyectos para llevar a la escena, tanto las obras teatrales de Asturias como la teatralización de textos del Nobel guatemalteco. Ya en 1966 y con la participación de bailarines, coreógrafos y músicos, Carrillo montó El mundo mágico de Miguel Ángel Asturias. Esta obra dio origen a la pieza teatral El Señor Presidente, inspirada y homónima de la gran novela asturiana. El grupo de la Universidad Popular, dirigido por Rubén Morales Monroy, se encargó de la escenificación. El Señor Presidente rompió todos los récords (casi 300 funciones).

La idea central de Hugo Carrillo era impulsar un movimiento teatral puramente guatemalteco, que fuera pedagógico y a la vez formativo de la identidad. El maestro Carrillo siempre puso sus prioridades en el público joven, el estudiantado de educación media y el universitario (incluso el público infantil). Pretendía crear el gusto por el teatro desde las aulas. La visión era integral y hasta ahora irrepetible. Con la muerte de Hugo Carrillo en 1994 el movimiento teatral guatemalteco perdió no sólo a su gran impulsor y a uno de su grandes creadores, sino al hombre que llevaba la batuta de trasladar al público la obra de Miguel Ángel Asturias.

El conocido Roberto Ciulli, director de la compañía alemana Theater an der Ruhr, asegura que un teatro vivo es "el que sigue actuando en las cabezas de los que lo vieron, vive en la sociedad, y es el que puede a largo plazo cambiar algo en la mente de las personas". Teatro muerto es lo que tenemos en Guatemala. Incluso las comedias ligeras de ahora son una especie de teatro muerto. Sin menospreciar el esfuerzo de actores y directores, el teatro nacional ha perdido el norte. No es más un teatro que busque la identidad ni el cuestionamiento y conocimiento de la realidad. Es lamentable; no hay elencos ni salas que correspondan a un país de 12 millones de almas y una capital de tres. ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una verdadera temporada de teatro?

Hace unos meses unos muchachos borrachos o drogados vandalizaron el monumento a Miguel Ángel Asturias. Parece que venían de la Zona Viva, que en realidad es una muestra de la muerte cultural de la capital. El hecho dice mucho. Qué lejos estamos de la época de oro de nuestro teatro, cuando dos de sus grandes protagonistas, Hugo Carrillo y Norma Padilla, decían que ellos eran simples pioneros. ¡Alumbra lumbre de alumbre!

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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