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El futuro comenzó ayer
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 18 de septiembre 2005

Están cancelando el futuro. La muerte del futuro, donde no hay lugar para la utopía ni para la esperanza. Un escenario aterrador para la conciencia civilizada, debido a los daños irreparables que se están produciendo en el sistema ecológico y que afectan la naturaleza de una manera directa y brutal, con huracanes, sequías y terremotos.

Ya en 1968, en Roma, 35 personalidades de 30 países que compartían una preocupación por las modificaciones del entorno ambiental, entre quienes se contaban académicos, científicos y políticos, fundaron el Club de Roma. El objetivo era interesar a los políticos y grupos de presión de los países más industrializados, sobre los límites del crecimiento de la sociedad de consumo y la interdependencia mundial en diversas dimensiones, que iban de lo cultural a lo económico. El Club de Roma se adelantaba a la crisis del recalentamiento del planeta, y no pocos lo consideraron entonces exagerado y apocalíptico.

Esa interdependencia señalada por el Club de Roma se conoce hoy como globalización. Los efectos de la misma pueden ser negativos o positivos para toda la humanidad, dependiendo de las formas racionales o irracionales de manejar los recursos naturales renovables y no renovables. En especial, el uso del petróleo, las maderas, las selvas y las aguas.

Pero grandes intereses económicos privan ahora sobre el bien común de la humanidad, y amenazan el futuro de la misma. Un ejemplo es la negativa de Washington de cumplir con los compromisos sobre reducción del dióxido de carbono, adoptados en el Protocolo de 1997 en Kyoto, cuyo objetivo es limitar el crecimiento del llamado Efecto Invernadero y el consecuente recalentamiento del planeta.

El Efecto Invernadero es un fenómeno atmosférico natural que permite mantener la temperatura del planeta, al retener parte de la energía solar. El Efecto Invernadero se forma por la concentración de gases en la atmósfera, y resulta necesario para el desarrollo de las diversas formas de vida. De otra manera la temperatura media sería de 18ºC bajo cero. Pero el gran aumento de los gases por la actividad humana (industria, transporte, aerosoles, etc.) ha cambiado el balance, y la concentración de gases es cada vez mayor. Si continúan aumentando, el planeta se recalentará a niveles muy peligrosos, derritiendo glaciales y aumentando el nivel de los océanos. Con una proliferación de inundaciones, sequías, e incendios forestales.

Se trata de una labor gigantesca de concienciación. Las futuras generaciones no merecen que les heredemos un planeta dañado. Por ello resulta fundamental comprometer a las empresas y presionar a los políticos para que se cumplan los acuerdos del tratado de Río de 1992 y la llamada Agenda 21, que contemplan medidas concretas para proteger el planeta, actuando localmente y pensando globalmente.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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