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Que Dios se lo pague
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 2 de octubre 2005

La deuda externa de los países pobres ocupa ahora la atención. El club internacional de agiotistas debe terminarse, concluye en un seminario sobre deuda y desarrollo la organización Fénix, en Estocolmo. Las conclusiones del seminario coinciden con una actual tendencia internacional: entender que hay una relación entre pobreza y deuda externa.

El grupo de los 8 (G8), o países más ricos del mundo, en su conferencia impartida hace tres meses en Gleneagles, Escocia, discutió la condonación de la deuda externa a 18 países (14 de África). El pasado fin de semana el FMI y el Banco Mundial tomaron la decisión final en Washington para aliviar la deuda de países como Zambia, donde una mayoría de gente vive con ingresos inferiores a un dólar por día.

Si los países pobres y endeudados se alivian del peso de pagar, entonces ese dinero puede ser usado en salud, educación, cultura e infraestructura. Lo anterior supone que el Estado sea capaz de generar el dinero e invertirlo socialmente. Se exige también pago de impuestos, fin de la corrupción y una administración eficiente. Algo que muchas veces no ocurre en los países más pobres. Mas la condonación de la deuda abre posibilidades a los cambios estructurales. Es decir, fin de la corrupción, desarrollo fiscal, administración transparente e inversión social.

La deuda externa implica muchas limitaciones. En primer lugar, es una manera de dependencia que debilita la soberanía y afecta los derechos de la población, sobre todo el derecho a la vida, a la salud y a la educación. En segundo lugar, afecta la seguridad económica colectiva y al Estado democrático. Por ejemplo, cuando se presta para pagar los intereses de la deuda. En Argentina llevó a una crisis total en 2001, que condujo a un estado de ingobernabilidad. Argentina se vio obligada a suspender los pagos.

Pero resulta que hay gobiernos que no ven el vínculo entre pobreza y deuda. Y pese a que son países pobres (Guatemala y El Salvador, por ejemplo) se niegan a renegociar sus deudas, ya que, según estos gobiernos, han sido buenos pagadores y no quieren perder prestigio ni acceso a nuevos créditos. Resulta una situación absurda o la paradoja del "rico" orgulloso. Pero es la mayoría la que no recibe los beneficios de una renegociación. Honduras, en cambio, ha logrado avances y está entre los países que podrán ser aliviados de la deuda. El presidente Maduro ha dicho que los frutos se observarán en los próximos años, cuando los fondos que iban al pago de la deuda externa se destinen a programas sociales de salud, educación y vivienda.

Mientras tanto los pobres de Guatemala sólo pueden decir: Que Dios se lo pague porque nosotros no podemos. El caso recuerda a un padre de familia que tiene una deuda que se esfuerza por pagar puntualmente, aunque someta a todo el resto de la familia al hambre.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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