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Tanto va el agua al cántaro
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 16 de octubre 2005

Los guatemaltecos han reaccionado con valentía y solidaridad en estos momentos de dolor e incertidumbre a causa del terrible temporal. Pero Stan lo complica todo. Ya teníamos un huracán de inseguridad y otro de pobreza. Stan nos desnuda más, y golpea también al más desnudo. Así fue con el terremoto de 1976 e igual pasó con el Mitch.

Las imágenes internacionales presentan a una Guatemala con la infraestructura dañada. Con víctimas mortales en aumento. Y también se manifiesta la incapacidad oficial. La tragedia ha desbordado al gobierno de empresarios. El Estado es como una empresa en quiebra. Desde las primeras declaraciones del Presidente, "de que no era para tanto", se pudo percibir la falta de visión.

Hace unas semanas abogábamos en esta columna por la renegociación de la deuda externa. El gobierno de Guatemala no había querido ni siquiera iniciar una discusión al respecto por considerar que dañaba su imagen de deudor; mientras Honduras con eficientes negociaciones lograba que le condonaran la deuda que podrá utilizar en proyectos de desarrollo. Por fin ahora el gobierno guatemalteco ha dejado el orgullo y se está moviendo para que se condone en algo la deuda internacional.

Pero la inversión social y la reconstrucción exigen recursos financieros que el Estado sólo puede obtener con impuestos. El modelo neoliberal sigue gritando que esto es un error y que hay que reactivar la economía. El error consiste en no entender el papel del Estado como un gran motor de la sociedad y hacedor del bien común. Guatemala es uno de los países donde los que obtienen mayores ganancias pagan menos impuestos.

Por otra parte, la globalización implica también a la naturaleza. La conciencia ecológica se enfrenta a las fuerzas del egoísmo absoluto que creen que nada pasa con el recalentamiento global y con la contaminación de ríos y lagos. No comprenden cuestiones elementales, como que los deslizamientos de tierra y las inundaciones se intensifican por la pérdida de bosques.

Socialmente no se ha logrado levantar la unidad nacional. Y se confirma la debilidad en materia de organización que ha prevalecido. Nada extraño si se considera que durante más de treinta años de guerra interna el Estado y sus fuerzas paramilitares se dedicaron a perseguir toda forma de organización, incluyéndose partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, de estudiantes y de campesinos El pueblo guatemalteco es de los menos organizados de América Latina. Ha prevalecido el miedo y la desconfianza a causa de las crueles experiencias del conflicto interno.

En definitiva, es ahora que los cambios deben producirse. La ingobernabilidad es producto de no gobernar para y con el pueblo. Guatemala necesita la unidad en torno a un proyecto de nación y de Estado, acorde a las necesidades reales de los guatemaltecos.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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