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Repensar la ciudad
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 24 de octubre 2005

Los daños de Stan afectarán a la Ciudad de Guatemala. Las experiencias del pasado, como el Mitch, muestran que el aumento de la pobreza en las zonas rurales siniestradas produce más migración. Una parte a Estados Unidos y otra a la ciudad de Guatemala.

El flujo migratorio a la capital se intensificó con el conflicto armado y continúa actualmente. No es una novedad que de la falta de viviendas y trabajo surgen las áreas marginales y los llamados palomares. La ruralización de la ciudad crea la tugurización.

El deterioro de la capital es notable. Y los servicios insuficientes son diarias pesadillas para los tres millones de habitantes de una ciudad que no cuenta con suficiente oferta comercial y laboral para todos sus habitantes. La violencia, la suciedad y los transportes deficientes lesionan la vida urbana. Se afecta también la cultura y la recepción turística.

En la ciudad de Guatemala el transporte público tiene la paradoja de ser privado. Un servicio deficiente, con unidades en mal estado, personal poco calificado y falta de cobertura. No existe todavía un sistema más global, como un metro o tranvías. El parque automovilístico hace rato superó la capacidad vial de la ciudad. El caso del tráfico tiene raíces estructurales y no sólo de organización. La ineficiencia del servicio de transporte colectivo es la causa principal.

El agua resulta otro problema. Escasez e impotabilidad. El negocio de vender agua potable muestra una carencia de calidad en el servicio. La ciudad se hará cada vez más sedienta y el acceso al agua más desesperado.

La ruralización y tugurización de la capital han llevado a la pérdida de la "vida callejera". Andar a pie por la ciudad es un peligro. Incluso viajar en un bus urbano es arriesgarse a ser asaltado o asesinado. La criminalización de la vida callejera produce el "candado social". Las casas con alarmas, perros, vigilantes y hasta cercas eléctricas. Y el temor a salir. El "candado social" exige además la exclusión de las personas que no pertenecen a la zona, al barrio, al condominio o a la misma clase social. Los espacios abiertos han sido sustituidos por "centros comerciales", construidos a imitación del primer mundo pero con una enorme falta de ofertas culturales en los mismos (librerías, teatros, galerías, bibliotecas).

No son cambios cosméticos los que urgen; ninguna cirugía plástica sirve para remozar el rostro del monstruo. Se demanda una metamorfosis total, que implique el cambio de estructuras en todo el país. La reforma urbana y la prevención deben aplicarse ahora. No dejar que el caos y la tugurización sigan dañando las calles, los parques, las plazas, las alamedas de la ciudad, que deben ser espacios para el encuentro social y la dinámica comercial y cultural. Lo peor de los "candados sociales" es cuando se extravía la llave.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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