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La corrupción es mala educación
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 30 de octubre 2005

Los graves problemas de la educación en Guatemala, no se resuelven con campañas publicitarias. Ni con fórmulas y programas propios de una tecnocracia sin sentido social ni histórico. La educación o la falta de la misma, sigue siendo uno de nuestros grandes males.

El pedagogo Olmedo España ha tocado a fondo la cruda realidad del Ministerio de Educación al escribir que "la cacareada profesionalización y transformación curricular, es algo que viene desde administraciones anteriores y que en la práctica sólo se ha avanzado con pequeños ensayos, debates y reuniones".

Peor ahora, lo que era un rumor se ha convertido en escándalo público, es decir la existencia de corrupción en el Ministerio de Educación. Era la última cara "bonita" que le quedaba al gobierno (con un Ministerio de Defensa al que se le quemó el polvorín, a Gobernación se le escapan los presos, CONRED no agarra ni un aire y siga contando). La Ministra ha suspendido, después de las denuncias, el proceso que había concedido a editoriales privadas la producción de libros escolares por la suma de 86 millones. Estas editoriales, de acuerdo con lo expresado por el escritor Marco Antonio Flores, no tienen mayor experiencia y se han cometido graves fallas en la licitación. Está bien haber reconocido las anomalías, pues como afirmó Carolina Escobar Sarti en otro matutino es "una licitación pública que deja un muy mal sabor en la boca".

Cabe recordar el poco responsable fin que el Ministerio de Educación dio a la Editorial Pineda Ibarra. Y no se trata de confundir manzanas con peras, porque hay aquí una relación obvia con esa voluntad política de privatizar a toda costa y también la de jugar con imágenes mediáticas y con la propaganda.

No se entiende esta ecuación de terminar con la editorial estatal, que tenía una tradición de medio siglo, aduciendo que no tenía trabajos, cuando al poco tiempo se hace una licitación pública turbia, para otorgarle a editoriales casi desonocidas y con señaladas "conexiones" en el Ministerio, la edición de los textos escolares oficiales.

Toda labor editorial es complicada y es claro que se necesitaba recurrir al sector privado. Pero por qué haber terminado con la Pineda Ibarra, cuando se podría utilizar la capacidad editorial de empresas privadas con experiencia y al mismo tiempo salvar el sello de la Pineda Ibarra haciendo una coedición. Se trata de una institución que es parte del patrimonio cultural.

Urge, en todo caso, acelerar de verdad los cambios educativos, no podemos conformarnos con palabras y fotos bonitas en la tele. Máxime en estos momentos, en que una catástrofe natural ha destruido parte de la infrastructura escolar del país. De ahí que indigne la corrupción y se siga extrañando una guía e instituciones eficientes para educar a la población en los niveles básicos y medios.

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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