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¡MERRY CHRISTMAS CHAPINES!
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 24 de diciembre de 2006
aladinomas@hotmail.com

Santa Clos suele ser un hombre moreno y de facciones indígenas, apenas escondidas por una barba blanca postiza. Los hemos visto cerca del Mercado de Artesanías, ofreciendo juguetes japoneses de batería. La globalización, amigos, todo lo explica este trillado concepto. Ojalá que globalizaran la esperanza. De pronto una marimba intrepreta Jingle Bells e imagino textiles con figuras de renos. ¿Por qué no, si la nieve artificial ocupa cada vez más el imaginario navideño del guatemalteco?

Una capa pegajosa de aculturación se ha inmantado en las costumbres. Hay gente que ha comenzado seriamente a celebrar el día de acción de gracias (thanksgiving) a la pura usanza norteamericana y con pavo entero. Para no hablar del Hallowen a finales de octubre o las peregrinaciones a Miami para comprar regalos en noviembre. Hay mercado para todo pero no para todos.

El aguinaldo permite a muchos un consumo extra. Se consume lo que habitualmente no se tiene. El aguinaldo está para gastarlo. O malgastarlo. ¿Cómo pedirle a una sociedad deficitaria que ahorre? Lo que falta en Guatemala es consumo y no sólo en diciembre sino todo el año. Pero el consumo navideño resulta un consumismo exacerbado que incluye a las bebidas alcohólicas, con sus trágicas consecuencias. Me gustaría en cambio, que se consumiera más solidaridad y que se bebiera más amor al prójimo.

En diciembre la ilusion de la Nochebuena se vuelve una catarsis ante la violencia que se vive y se puede ignorar, por momentos, la falta de fe en el futuro que padece la población. El alma desnutrida se alimenta entonces sólo del instante.El futuro es un artículo de lujo en Guatemala.

La Navidad es todo, menos una fiesta cristiana. Es trabajo ocasional para muchos y mera diversión para otros. Miles de niños y jóvenes pueden “trabajar”, exponiéndose entre los carros. Las ventas del sector informal superan probablemente las del formal. Nadie sabe la cantidad de contrabando que se está vendiendo en las calles.

El Árbol Gallo, del Obelisco, será un referente obligado para los adultos del futuro, más que los nacimientos y la manzanilla. Además, el símbolo cervecero ha suplantado a la estrella de David. La navidad chapina recuerda a la fiesta pagana de Júpiter, cuando los antiguos romanos se dedicaban el 25 de diciembre a intercambiar regalos y a emborracharse “hasta ver a Dios”.

Pese a todo, diciembre nos hace buscar raíces y reciclar memorias, tras el sentido de un nacimiento único en la historia que no necesita de barbas blancas en remojo.Tampoco de luces artificiales que compitan con el firmamento plagado de estrellas, donde sobresale la que hace dos mil años guió a unos reyes sabios a postrarse ante un recién nacido, hijo de un carpintero, en el establo donde los pobres y los seres sencillos del mundo vivieron por primera vez la Natividad.

Fuente: www.sigloxxi.com


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