Sueños y promesas
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 31 de diciembre de 2006
aladinomas@hotmail.com
Siempre que termina el año, recuerdo las palabras de George Bernard Shaw: “Algunas personas miran al mundo y dicen ¿Por qué? Otras dicen en cambio ¿Y por qué no?” Se trata de una actitud de ver las posibilidades y no sólo los obstáculos. Lo vienen repitiendo filósofos y poetas de todos los tiempos.
Rubén Darío, en un memorable poema escribe: “Abominad la boca que predice desgracias eternas”. Darío hablaba a los países latinoamericanos. Les decía también: “La estirpe latina verá la gran alba futura”. Pero la condición era la unidad. Por eso exige el nicaragüense universal: “Unánse, brillen, secúndense...”.
Un optimista piensa que éste es el mejor de todos los mundos posibles. El pesimista tiene miedo de que eso sea cierto, nos previene Ralph Waldo Emerson. Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad, apunta Winston Churchill.
No es, naturalmente, tan fácil. Uno deja parte de su ser en el pasado. En el viejo año hay amigos que se fueron para siempre. Marcas en la conciencia que producen los cambios y las distancias. Hay cicatriceses invisibles que son heridas dormidas. Olvidar entonces resulta una manera de morir.
Pero hay que dejar en la agenda un buen espacio a las sorpresas. Y que la salutación optimista alcance a todas las personas que están dispuestas a anteponer la buena voluntad, sobre las circunstancias más difíciles. El cambio comienza en cada persona. Y la solidaridad sólo es posible cuando hay individuos solidarios.
Además, es muy válido tener deseos. La necesidad es la madre de los mismos. Y también de la inventiva, aunque a veces nos muestre su cara de perro. La cuestión reside en la capacidad de resolución y en la mejor comprensión de la realidad. Hay que ser realista, pero no olvidar que la realidad también está hecha de sueños. Porque aunque es peligroso soñar demasiado, es peor dejar de soñar. De ahí que hoy siguen siendo útiles (y hermosas) las palabras de Rubén Darío: “sea la esperanza la visión permanente en nosotros”.
Las promesas son productos optimistas. Promesa de dejar de fumar. De bajar de peso. De ahorrar y mejorar la economía casera. Promesas que van y vienen y en el aire se desvanecen para muchos. Pero es permitdo ahora soñar. Que nos despierte el 2007 en medio de una promesa cumplida.
Y los pueblos también deberían hacer sus promesas. Promesas de ser mejores ciudadanos. De cumplir las leyes. De aplicar la justicia. De construir una sociedad más equitativa y sobre todo más humana. Las utopías son los sueños del pueblo. De los políticos no hablemos hoy. Me aburren sus promesas y su falta de sueños. Es Año Nuevo y podemos llenarnos la cabeza de lo más querido. De tu pueblo lejano. De tu barrio que desapareció en el tiempo. Vuelve simplemente a tus ilusiones que te harán feliz a las 12 de la noche. ¡Feliz Año!
Fuente: www.sigloxxi.com |