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¿Terminó la Guadalupe reyes?
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 7 de enero de 2007
aladinomas@hotmail.com

Comenzaría el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe para culminar el 6 de enero, Día de Reyes. Pero lamentablemente no termina. La Guadalupe Reyes está presente todo el año, no es en realidad más que una expresión jocosa para ocultar una tragedia social de magnitudes nacionales.

En Guatemala, el Tata Guaro supedita muchos de nuestros actos. El guatemalteco se emborracha para todo. Para amar o para matar. Para celebrar o para olvidar. Y sobre todo para sentir y decir la verdad y botar las costras de heridas mal curadas. El borracho da rienda suelta a su yo lejano. A veces sólo ebrios podemos expresar lo que pensamos o mal pensamos. Con la ayuda del alcohol nos liberamos falsamente en actitud semisuicida de “hasta ver a Dios”. El alcohol mitiga, pero no cura nada y al final lo destruye todo.

No se trata de moralinas sino de estadísticas mortales. Bastaría con un solo día o noche en las urgencias de los hospitales del país. O en las morgues. O en el interior de muchos hogares, donde la agresividad derivada de los tragos conduce a maltratos de mujeres y niños. Sin olvidar los enormes costos sociales de las enfermedades en órganos vitales (hígado, páncreas, estómago, intestinos) causados por el consumo exacerbado de licor.

Somos un país alcoholizado y el alcoholismo es una enfermedad. Un pueblo alcoholizado está dopado y embrutecido. El alcohol es un obstáculo para el desarrollo. Repitamos con sobriedad: que mientras más alcoholismo menos desarrollo y la secuela de maltratos, accidentes, violencia, enfermedades, depresión, problemas económicos.

Pero el alcóholico niega siempre su alcoholismo. Es como el pez inconsciente, al ser el último que descubre el agua. Porque se idealiza al guaro, con la afirmación autoengañosa de “está bajo control” o creyendo que “sólo los viernes”.

Lo peor es el consumo entre los jóvenes. Los fines de semana, muchos sálen a chupar frenéticamente para luego regresar a casita manejando, conviertiendo las calles de la ciudad en ruletas rusas. No hay suficientes opciones de entretenimiento que no incluyen el consumo de alcohol. Y se ve un declive de la oferta cultural (menos teatro, menos danza, menos arte, menos literatura, menos deporte) junto a la proliferación de bares, donde a veces ni siquiera se puede hablar por la música a altísimo volumen. Más importante que el diálogo resulta el vaso medio lleno o medio vacío (depende si el bebedor es optimista o pesimista).

No existe una política oficial eficiente de prevención y cura del alcoholismo. Si hay productos que merecen ser gravados con más impuestos, son el alcohol y la cerveza. Tanto a nivel indirecto (pago de los consumidores) como directo (pago de las empresas). Y esa recaudación ir a programas de previsión, cura y combate del alcoholismo. Salud, sin alcoholismo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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