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Caída en el infierno
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 21 de enero de 2007
aladinomas@hotmail.com

Vimos un filme que trata de la vida de los niños de la calle en México y Guatemala.

Fuí invitado la semana pasada a la premier del documental sueco Caída en infierno, de los cineastas Ulf Hultberg y Åsa Faringer, conocidos por el largometraje de ficción La hija del Puma. En el tradicional teatro Orión de Estocolmo, totalmente lleno, vimos un filme que trata de la vida de los niños de la calle en México y Guatemala, aunque la mayor parte de la película está enfocada en nuestro país.

Se presenta el tema de las maras, así como otros aspectos de la problemática de la juventud e infancia, como las adopciones ilegales y también la presencia del narcotráfico. El documental toca algo muy delicado, como es la llamada limpieza social o eliminación de mareros por parte de grupos clandestinos, aunque ligados orgánicamente a los cuerpos policiales y militares.

Es un documental fuerte, con escenas desgarradoras, que no pueden dejar de conmocionar y llevar a la reflexión lo que será el futuro del país si no cambian las cosas. La misma viabilidad como país se pone en duda cuando escuchamos a los entrevistados, que van desde autoridades hasta mareros, madres solteras y maltratadas, niños pegamenteros, policias, etc. La violencia estructural es el hilo que teje esta visión del tejido social guatemalteco.

Los suecos, en el espacio para intervenciones del público, indagaban si era realmente tan alta la dosis de crueldad en Guatemala. Alguien preguntó si es cierto que hay infanticidio en Guatemala. Otro habló del maltrato a las mujeres y el feminicidio. Guatemala, de nuevo, es foco de la mirada indignada y conmovida de un público no acostumbrado a ver asesinatos ni violencia exacerbada.

La imagen del país sigue siendo mala. Y choca este tipo de documentales (que será presentado en la televisión el 27 de enero en una de las horas de mayor audiencia) con las costosas campañas del Inguat en las ferias de turismo, con sus folletos llenos de niños indígenas sonriendo y fotos retocadas que se "limpian" de vendedores ambulantes, mendigos y prostitutas. Cada quién ve el país con el lente que se le antoje.

Siempre he sido crítico de las perspectivas unilaterales, que exacerban la victimización y oscurecen otros aspectos de la realidad guatemalteca que pueden ser más constructivo, como el valor de nuestra cultura y la belleza del paisaje. Pero no puede uno olvidar cuando se ven documenatales como los de Ulf Hulberg y Åsa Faringer, que algo muy grave está pasando en nuestras calles. Y que las páginas rojas de la prensa son más aterradoras (bien leídas) que las imágenes de este filme que muestran a los niños pegamenteros y a los mareros que cuentan cuántas personas han asesinado. Nunca se podrá cambiar la imagen del país sino cambiamos al país. Y sigo convencido que amar a Guatemala debe ser sinónimo de cambiar a Guatemala. Cabe más esperar que este documental se muestre en Guatemala para que los guatemaltecos tengan la oportunidad de reaccionar y vertir sus críticas sobre el mismo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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