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Te queremos Franz
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 12 de febrero de 2007
aladinomas@hotmail.com

“Nicaragua le venía bien a Franz y ambos se entendían de maravilla”.

Franz Galich no probará el Transmetro para saber si es más rápido trasladarse desde su natal Amatitlán hasta el corázon de piedra de la capital. No podrá tampoco depositar en el Banco de Comercio o en el Bancafé, los miles de quetzales que le dieron los premios guatemaltecos, como retribución a sus servicios patrioticos y literarios.

Ironías solamente, porque lo frecuente es ponernos los trapos solemnes, esos que tanto odiaba Cardoza, y escribir por ejemplo, con chatura literaria, que Franz “se echó a volar” o cosas por el estilo, e intentar panegíricos a medias y homenajes a destiempo.

Un colega señala, en otro medio, que el fallecimiento de Franz no causó conmoción porque en Guatemala no importa la muerte de alquien que escribe. Otra vez la sentencia del poeta Alfonso Orantes para los escritores nacionales: “encierro, destierro o entierro”. Habría que agregar “el olvido”. Como el de Rolando Medina, literato “desaparecido” por las fuerzas no productivas del país en los 80. Franz nunca olvidó a su amigo Rolando. Y nosotros no olvidaremos a Franz.

Alguien que lo conoció muy bien es Dante Liano, a quien también le aplicaron la sentencia de Orantes en su alternativa número dos (el destierro). Desde Milán nos cuenta: “Franz Galich fue un escritor ejemplar. Se me hace difícil separar la biografía de la literatura, porque, como pocos, Franz fue su obra. Los adjetivos que connotan al hombre, denotan su obra. Cabal, íntegro, honesto, soñador, utopista y leal. Estuvo siempre al lado de los pobres, de los desheredados, de los marginados. Pagó por eso en todos los ámbitos de su vida. Poseía la alegría y la luminosidad de aquellos que tienen el privilegio de tener la conciencia sin manchas”.

Te queremos Franz, fue el eslogan para recolectar fondos para Franz en Managua. Se dieron cita los grupos Stacatto, Latino Sax y los cantantes Luz Barrios y Javier Vega, sin faltar escritores como Raúl Orozco, Luz Meneses y Eunice Shade. Nicaragua le dió a Franz reconocimiento y estima. Y se encontró también con ese algo tan siempre esperado pero que llega cuando menos lo esperamos: el amor, encarnado para él en Orieta Martínez. Una escritora centroamericana, Jacinta Escudos, lo dice con acierto: “Nicaragua le venía bien a Franz y ambos se entendían de maravilla”. En Nicaragua la partida de Franz sí causó conmoción. Porque la tierra de Darío dignifica a la gente que escribe. No tienen el estigma que hay en Guatemala y del cual se quejaba Carlos Wild Ospina, genio hoy desconocido para la “mensa” mayoría aunque apreciado por la “inmensa minoría” del país.

Amatitlán ha dado dos grandes escritores. El poeta Domingo Estrada, que murió en la miseria en París, y Franz Galich. No cupieron en Guatemala (eran muy grandes). Lo peor es que, según las noticias, ya no caben ahora los muertos en el cementerio de Amatitlán.

Fuente: www.sigloxxi.com - 110207


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